Discurso para los ancianos

“Enviando, pues, desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia.18 Cuando vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, 19 sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos; 20 y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, 21 testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo. 22 Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; 23 salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. 24 Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. 25 Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. 26 Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; 27 porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios. 28 Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. 29 Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. 30 Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. 31 Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. 32 Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados. 33 Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. 34 Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. 35 En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir. 36 Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos. 37 Entonces hubo gran llanto de todos; y echándose al cuello de Pablo, le besaban, 38 doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, de que no verían más su rostro. Y le acompañaron al barco” (Hechos 20:17-38).

El apóstol Pablo está de paso por Éfeso y se reúne con los ancianos para motivarles y darles palabra de parte del Señor.

Podemos destacar varias cosas:

1.- Les recuerda su testimonio.- (V.18-19) Tu vida es la mayor carta de recomendación.

El mejor discurso no sale por la boca, sino por tus acciones y actitudes.

Un anciano es alguien de testimonio.

2.- Les enseñó lo útil.- (V.20) En casa y en la calle, evangelismo y grupos celulares.

En la iglesia la gente de Dios ha de enseñar lo que es útil.

No estamos para entretener a cristianos aburridos, ni para enseñar tonteras.

Hemos de enseñar lo que es útil para la vida cristiana.

La iglesia es un lugar de enseñanza.

Un anciano enseña lo que es útil.

3.- Dos cosas útiles.- (V.21) Arrepentimiento, y fe en Jesús.

No hay nada más útil que ponerse en paz con Dios, dejar la vida pasada y tener fe en el Señor para salvación.

Un anciano predica sobre arrepentimiento y fe en Jesús.

4.- Poner primero el reino de Dios.- (V.23-25) Pablo podría huir e irse a otro lugar, pero entendió que primero es hacer la voluntad de Dios y obedecerle.

Dios le dirigió a sitios difíciles, y él era consciente de eso, pero no rehusó ir allí.

Un anciano pone primero el reino de Dios.

5.- Anunció todo el consejo de Dios.- (V.27) Hemos de anunciar:

Todo.- No dejar nada fuera.

Consejo de Dios.- No el nuestro, sino lo que Dios dice.

Un anciano da todo el consejo de Dios.

6.- Profetiza que vendrán lobos.- (V.28-30) Siempre ha habido lobos, y gente que habla cosas perversas.

Este tipo de gente y la iglesia siempre han estado unidos “El trigo y la cizaña crecen juntos”.

“No perdonan al rebaño”.- Gente que con crueldad vendrán a hacer daño a aquellos por los que Cristo murió.

Esta gente se levantará de entre nosotros.

Un anciano no es un iluso, sino que sabe que habrá lobos.

7.- La solución es velar.- (V.31) Hemos de tener los ojos abiertos y velar.

El anciano de Dios ha de velar, abrir los ojos para que cuando aparezcan los lobos poder neutralizarlos en oración y consejo.

Un anciano vela para proteger a las ovejas.

8.- Los encomienda a Dios.- (V.32) Esta es la actitud. Uno no debe controlar, pero si poner a la gente en manos de Dios.

Pablo tenía fe, y esta fe en el poder de Dios y en el poder de la palabra de Dios les iba a sustentar.

Cada anciano ha de ejercer fe en la gente que atiende.

Ejercer fe en Dios, ya que ejercer control es una manera de incredulidad.

El incrédulo no cree que Dios puede hacerlo, por eso lo hace él controlando.

El hombre de fe descansa en Dios y sabe que verá el milagro.

Un anciano encomienda a la gente a Dios.

9.- Actitud frente a la riqueza.- (V.33-34) Tenemos lo que tenemos y damos gracias a Dios por ello y no anhelamos lo de otros.

No codicies, no busques, no anheles lo de los demás. Dios es tu proveedor.

Un anciano no busca el dinero.

10.- “Más bienaventurado es dar que recibir”.- Esta frase no está en los evangelios, los evangelistas no la plasmaron en ellos, pero Jesús la dijo y era tan importante que el Espíritu Santo se la recordó a Lucas para que la dejara en el libro de Hechos.

Un anciano se preocupa más por dar que por recibir.

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