“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. 5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. 6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.
7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? 8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? 9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, 10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, 11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. 12 Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? 13 Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto” (Hechos 2:1-13).

La humanidad nace en el Edén, donde Dios se relaciona personalmente con el hombre y el diablo no está presente.
Después de la caída del ser humano deambula en el planeta sin saber qué hacer y muchos en vez de servir a Dios se dedican a lo suyo y como consecuencias la depravación se hace cada vez más general.
Debido a esto Dios se crea un pueblo que se origina en el fuego, en la zarza ardiente.
El contacto con Dios y la revelación de Dios genera el pueblo de Israel.
Israel, a nivel general, desobedece y deja de seguir ese fuego que le había hecho nacer.
Jesús viene, el fuego se extiende, señales prodigios, milagros, palabra de vida, surgen del ministerio de nuestro Señor, pero después de la ascensión todo se paraliza.
Los 120 se recluyen en el aposento alto esperando la promesa del Padre.

1.- La iglesia surge de la espera en Dios.- El ser humano se precipita, queremos ir rápido, pero Dios se toma su tiempo.
Dios no quiere que la gente vaya delante de Él, sino que busca a personas que le sigan.
El es el jefe, va delante y nosotros detrás.

2.- Dios espera a manifestarse en Pentecostés.- Pentecostés es una fiesta judía que se celebra cincuenta días después de la pascua.
¿Por qué ese día? Porque se celebraba la fiesta de la cosecha, es en ese momento que un haz de cebada era ofrendado al Señor en acción de gracias, se daban las primicias.
Los 120 eran las primicias de una cosecha espiritual que ganaría a gente de todo el mundo.
El bautismo del Espíritu Santo está unido totalmente, soldado, a ganar almas para Cristo.
Dios manda el Espíritu Santo para que la iglesia crezca.
Los dones y las experiencias espirituales no son para jugar, son para ganar almas.

3.- Dios interrumpe la oración de la iglesia.- Estaban orando y son interrumpidos violentamente por Dios.
Dios va a interrumpir tus planes para date cosas mejores.

4.- Viento y fuego.- Dos elementos que se mueven de forma sobrenatural en aquel lugar a través del fuego y del viento.
Viento.- “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7).
El viento fue la forma en la que Dios dio vida a un trozo de barro.
Dios da vida a la iglesia a través de su soplo.
Cuando alguien se ahoga otro le hace la respiración boca a boca y el aire del vivo levanta al muerto.
El aire de Dios levanta a los seres humanos muertos.
Toda la vida viene de Dios, la iglesia ha de estar viva no a través de métodos, canciones y predicaciones más o menos buenas, sino a través del soplo de Dios.
Fuego.- No basta con tener la vida de Dios, también hay que tener también el fuego.
El fuego es la presencia de Dios es lo espiritual de Dios manifestándose en este planeta.
La gente ha de ser impactada por la vida de Dios que les resucita y por el fuego. El mover de lo alto que les activa.
El fuego prepara la comida, mueve las fábricas, hace que las civilizaciones avancen, es energía y poder.
Necesitamos la vida de Dios y el poder de Dios.
Una iglesia efectiva no solo es una iglesia viva, es también un lugar donde el fuego de Dios se manifiesta.
Lo espiritual ha de ser lo normal en la iglesia. Lo sobrenatural es la normalidad en el reino de Dios.
Los cristianos hemos de aprender a movernos en el mundo del Espíritu.
Aquí habla de hablar en lenguas, es un don, que no es para jugar, sino para ser testimonio de aquellos que no conocen a Dios y que no tienen la vida de Dios. (Hch 1:8).
La gente se fija en el fuego para poder también ellos recibir la vida.
La gente reacciona (V.6-7): Atónitos, confusos, maravillados.
El Espíritu Santo crea confusión, deja a la gente atónita y maravillada, y esos es lo que les lleva a recibir la vida de Dios.
La sorpresa suele manifestarse antes de la conversión, y nosotros no tenemos nada para asombrar, pero Dios sí.
Por tanto necesitamos los dones de Dios para impresionar a la gente y que esta se convierta.
Recuerda que el bautismo del Espíritu Santo viene para la cosecha de Dios.

5.- Unos se asombran y otros se burlan.- Esto siempre ha pasado y va a pasar, ahora también.
Unos se impresionan y se convierten y otros se burlan.
Pero el mover de Dios ha de continuar a pesar de las burlas de los incrédulos.
Si las burlas te paran, frenaras la conversión de otros que están predispuestos para recibir al Señor en sus corazones.