La gran promesa

“Si me amáis, guardad mis mandamientos. 16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:15-17).

“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí” (Juan 15:26).

“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. 8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. 9 De pecado, por cuanto no creen en mí; 10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; 11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. 12 Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. 13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. 14 El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. 15 Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber (Juan 16:7-15).

El Señor está en la tierra durante 33 años y cuando faltaban horas para irse les promete a los discípulos que les mandaría el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es la promesa de Dios para los cristianos.

Tres medidas.- “Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado” (Mateo 13:33).

El reino de Dios tiene tres medidas: La del Padre (Antiguo Testamento), La del Hijo (Evangelios) y la del Espíritu Santo (Desde su partida hasta su segunda venida).
Jesús se iba y pasaba el testigo al Espíritu Santo.
De los pasajes que hemos leído aprendemos varias cosas acerca del Espíritu Santo:

1.- Para recibir el Espíritu Santo es preciso la obediencia.- “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).
La obediencia abre las puertas a todo lo de Dios.
La obediencia demuestra que de verdad hay amor a Dios.

2.- Otro consolador.- El Espíritu Santo continúa el trabajo de Jesús en la tierra.
Jesús no nos deja solos, sino que el Espíritu Santo continua con nosotros.
El ser humano necesita de Dios para hacer la obra de Dios.
La religiosidad no va a hacer la obra de Dios, ya que es los hombres haciendo cosas por su cuenta, y el plan de Dios es hacerlo Él mismo a través de sus hijos.

3.- Es el Espíritu de verdad.- (Juan 14:17) Satanás es el espíritu de la mentira que lleva a la gente a la destrucción, viene a robar, matar y destruir.
El Espíritu Santo es el espíritu de verdad que nos lleva a la verdad y a la vida eterna.
El mundo está gobernado por Satanás, por eso no puede verle ni conocerle.

4.- El Espíritu Santo vive en nosotros.- “Mora en nosotros”.
Está dentro, igual que yo moro en mi casa, estoy dentro de ella, nosotros somos el templo del Espíritu Santo, Él mora en nosotros.

5.- El Espíritu Santo da testimonio de Jesús.- “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí” (Juan 15:26).
Jesús se iba a morir, y todos podrían pensar que era un líder religioso más de los muchos que hay.
Pero el Espíritu Santo viene a dar testimonio de Jesús dentro de las vidas de los que le siguen.

6.- “Os conviene que yo me vaya”.- Es conveniente por varios motivos.
a.- El futuro eterno.- Solo viene a través de la muerte de Jesús.
b.- El futuro terrenal.- La plenitud de vida en esta tierra depende de la llenura del Espíritu Santo viviendo en nosotros.

7.- Relación del Espíritu Santo con el mundo.- “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. 9 De pecado, por cuanto no creen en mí; 10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; 11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado” (Juan 16:8-11).
Es convencer de la situación en la que están.
Nuestras palabras son pocas y malas, nuestras vidas simples, pero llenos del Espíritu Santo la gente va a ver algo diferente.
“Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús” (Hechos 4:13).

8.- El Espíritu Santo da revelación e iluminación.- “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. 13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16:12-13).
Hay una diferencia entre revelación e iluminación.-
a.- La revelación es lo que recibieron los apóstoles para escribir la Biblia. Ya nadie más tiene revelación, no puede haber otro libro nuevo de Dios.
b.- La iluminación es lo que recibimos los cristianos en la vida para saber lo que tenemos que hacer.

La revelación acabó en apocalipsis, la iluminación continuará hasta la segunda venida.

a.- Nos guía a la verdad.- Cuando estamos en un sitio que no es de Dios el Espíritu Santo nos lo revela.
b.- Está sometido al Padre.- No habla por su propia cuenta se somete al Padre.
Jesús se sometió al Padre “No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre” (Juan 5:30).
El Espíritu Santo hace lo mismo.
Tanto Jesús como el Espíritu Santo tienen la misma función: Que se haga la voluntad del Padre en la tierra.
c.- El Espíritu Santo glorifica a Jesús.- Si algo no glorifica a Jesús no viene del Espíritu Santo.

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