La promesa del Espíritu Santo

“Si me amáis, guardad mis mandamientos. 16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. 18 No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. 19 Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. 20 En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. 21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. 22 Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? 23 Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. 24 El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. 25 Os he dicho estas cosas estando con vosotros. 26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:15-26).

Dios es un Dios de promesas, toda la Biblia está llena de ellas.
La mayoría son condicionales “Si…, entonces…”.
Jesús en este pasaje funciona en el mismo principio prometiéndonos el Espíritu Santo.

1.- Requisitos para recibir el Espíritu Santo. – Guardar los mandamientos.
Si le amamos le seremos obedientes.
Dios no quiere palabras, Él quiere obediencia.
El Espíritu Santo está prometido para la gente que obedece a Dios.

2.- El conducto reglamentario. – Yo obedezco, Jesús pide y el Padre envía.
En otras partes se nos dice que Jesús nos manda el Espíritu Santo:
“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. Juan 16:7-8
Y es verdad, pero siempre manda a través de este conducto reglamentario.

3.- Consolador. – La palabra “Paracletos” no solo significa “consolador” sino que también significa abogado defensor, consejero e instructor.
El trabajo del Espíritu Santo es consolar, instruir, y defender.
a) Consolar. – En los momentos difíciles necesitamos del abrazo, del sentirse al abrigo de Dios, de tenerle cerca.
b) Instruir. – El Espíritu Santo va a capacitarnos. Nadie nace sabiendo, por esto es preciso que seamos instruidos y entrenados.
Un instructor deportivo dice que ejercicios hacer, que alimentación tomar, que descanso hacer.
Sabe lo que conviene para que el deportista dé los mejores resultados en el desempeño de su tarea.
c) Defender. – El mundo y el diablo va a atacarnos, a tacharnos de cosas que no somos, nos va a acusar falsamente y necesitamos de alguien que nos defienda.
El Espíritu Santo va a defendernos y si somos fieles, tarde o temprano nuestro testimonio va a ser limpiado y nuestra cabeza levantada.

4.- Estará con nosotros para siempre. – No tema no va a quedarse solo, el Espíritu Santo le acompañará.

5.- El Espíritu de verdad. – Todo lo del Espíritu Santo es verdad y verdadero.
Frente a un mundo de mentiras y falsedades y de un diablo mentiroso, el Espíritu Santo nos va a llevar a toda la verdad.
La vida es una lucha entre la verdad y la mentira y ambos están en lucha feroz.
El diablo se jacta de engañar a la gente. Para él es un logro apartar a la gente de la verdad, hace creer a la gente que lo bueno es malo y que lo malo es bueno.
Hay países donde se condena a los cristianos por el delito de serlo, y se les considera algo lesivo para los intereses del gobierno.
El Espíritu Santo en el creyente lo primero que hace es desmontar todas las estructuras de mentira que Satanás ha metido en nuestras mentes.

6.- “El mundo no le puede recibir”. – El mundo es del diablo y está cimentado en mentiras, por eso no puede recibir al Espíritu Santo.
Dios tuvo que crear una sociedad paralela al mundo, la iglesia, para derramarles la verdad.

7.- “No le ve ni le conoce”. – El mundo ni ve ni conoce al Espíritu Santo, pero la iglesia sí.
Le vemos cuando actúa en nosotros cambiándonos, cuando vemos las conversiones de otros, cuando vemos sus milagros.
Lo vemos en manifestaciones que el mundo llama casualidades, lavado de cerebro y otras cosas.
Nosotros le conocemos, Él mora en nosotros, es nuestro amigo y hemos de movernos en el Espíritu para conocerlo cada día más.

8.- Enseñar y recordar. – “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (V.26).
Por un lado, hay un trabajo de enseñanza continuo en nosotros de parte del Espíritu Santo.
“He aquí yo derramaré mi espíritu sobre vosotros, Y os haré saber mis palabras” (Proverbios 1:23).
“Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste para su sed” (Nehemías 9:20).

Por otro lado, el Espíritu Santo recordaría a los apóstoles lo que Jesús dijo para que se escribiera el Nuevo Testamento.
El Espíritu santo está presente en la escritura de la Biblia, podemos confiar plenamente en la veracidad de la palabra de Dios.

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