“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. 13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. 14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. 15 Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? 16 Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? 17 Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? 18 Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. 19 Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? 20 Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. 21 Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. 22 Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; 23 y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. 24 Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, 25 para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. 26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan” (I Corintios 12:12-26).

 

Antes de ser ajusticiado en la cruz, el Señor junta a los doce apóstoles y celebra la santa cena.

Toma el pan y alzándolo dice: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí” (I Corintios 11:24).

En aquel entonces los apóstoles entendieron poco, pero luego entienden que tras estas palabras había un simbolismo.

Igual que Jesús partía el pan, su cuerpo iba a ser roto en la cruz. No que Jesús fuera el pan, sino que el pan representaba a Jesús, era una ilustración.

Pablo tira ahora de esta ilustración y compara la iglesia con un cuerpo. No es que la iglesia sea un cuerpo, sino que lo que hace la iglesia, la manera de ser y actuar de la iglesia es semejante a un cuerpo.

Veamos esto con más detenimiento:

 

1.- Somos uno.

No somos uno con la naturaleza, no somos uno con el cosmos, somos uno con el resto de las personas que son miembros de la iglesia.

Cristo es la cabeza de la iglesia y los cristianos formamos parte de su cuerpo.

Hay una unidad que está por encima del entendimiento y del razonamiento humano, pero que podemos sentir en nuestros espíritus.

Puedes viajar a otros países, estar en otras iglesias, y vas a sentirte uno con ellos.

 

2.- Protección.

Cuando alguien ataca a un cristiano está atacando al cuerpo entero, la cabeza incluida, así que atacar a un cristiano es atacar a Cristo.

Cuando alguien te ataca está atacando a Dios mismo.

Formar parte de la iglesia no solo produce unidad que se siente en nuestros espíritus, también nos da cobertura espiritual.

 

3.- Por dentro y por fuera.

“Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (V.13).

Cuando nos convertimos automáticamente pasamos a formar parte de la iglesia.

La unión a la iglesia es a través de Jesús, es necesario recibirlo como salvador. Entonces se tiene la bendición del Padre, y a través de la acción del Espíritu Santo ingresamos en la iglesia del Señor.

El Espíritu Santo nos introduce en la iglesia. Usa las palabras: “Bautizados” y “beber de un mismo Espíritu”.

Bautizar es sumergir, mojar por fuera; beber es mojar por dentro.

Todo el cristiano, por dentro y por fuera es introducido en el cuerpo de Cristo.

Por fuera: Venir a la iglesia, participar de lo que la iglesia hace (discipulados, culto de oración, cultos dominicales, etc.).

Por dentro: Lo que se introduce en tu vida: La Biblia, los pensamientos de Dios.

 

4.- Muchos miembros.

“El cuerpo no es un solo miembro, sino muchos” (V.14)

No todos somos iguales, la diversidad forma parte de la iglesia.

Las sectas uniformizan: hablan igual, miran igual, sonríen igual, visten igual, etc.

La iglesia respeta la diversidad de cada uno y acepta a los demás a pesar de las diferencias.

 

5.- Diferentes funciones.

Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? 16 Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? 17 Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?” (V.15-17)

Las diferentes funciones de los cristianos nos complementan no nos separan.

Cada uno somos utilizados por Dios como Él ve conveniente.

No todos tenemos que hacer lo mismo, ni ser iguales, es más es necesario que hagamos cosas distintas.

 

6.- Diseños de Dios.

“Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso” (V.18)

Somos diseñados por Dios según Él vio conveniente.

Dios es el que nos hizo, nos dio los padres que tuvimos, nos dio la inteligencia, la forma de ser, la cultura, la habilidad para hacer cosas (manuales, musicales, etc.) según el estimó conveniente.

Desde antes de la fundación del mundo Dios contaba contigo para que ejercieras tu función en la iglesia.

 

7.- Todos nos necesitamos.

“Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. 22 Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; 23 y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. 24 Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba” (V.21-24).

El oído precisa del cerebro, el corazón de las venas y arterias, el estómago de la boca.

No podemos ser independientes, nos necesitamos los unos a los otros.

 

8.- Preocupémonos por los demás.

“Para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. 26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan” (V.25-26).

Si te duele el dedo no dices: “Mi dedo tiene dolor” sino “ME duele el dedo”.

Si te duele el dedo estás todo el día preocupado por el dolor, lo pasas mal.

Uno de los cimientos de la iglesia es la ocupación por los demás.

Cuando alguien da discipulado invierte tiempo, trabajo, oración, deja de hacer cosas para él mismo, y la invierte en el otro, porque se preocupa y ocupa de los demás.

Los grupos de alabanza ensayan, trabajan, oran, en vez de irse con su familia al parque vienen a los ensayos, porque se preocupan por los demás.

Los diáconos trabajan porque se preocupan por los demás.

Estamos invirtiendo tiempo y esfuerzo porque nos preocupamos nos unos de los otros.

Ser parte del cuerpo de Cristo no es solo una expresión, no es solo una ilustración bonita, conlleva el vivir en nuestro interior el concepto de cuerpo.

 

9.- Cuidados del cuerpo.

 

Hay riesgo de enfermar, eso siempre está presente, veamos algunas enfermedades.

a.- Pensar que se puede funcionar sin la cabeza.

b.- Divisiones: Tito 3:10 “al hombre que cause divisiones deséchalo”.

c.- Exceso de protagonismo.

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