Lucha, obras de la carne y fruto del Espíritu Santo

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. 18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. 19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. 22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:16-22).

En este pasaje vemos tres conceptos: Lucha, obras de la carne y fruto del Espíritu Santo.

Pablo nos habla de una lucha entre la carne y el Espíritu.

Cuando el hombre cae en el Edén cede una parte de su vida al diablo y cuando se convierte se inicia una reconquista de lo perdido.

Dios quiere que colaboremos con Él para sanar el área que Satanás ha destruido en nuestras vidas.

 

“Yo soy hombre, y un hombre es una mezcla

Desde el instante de su nacimiento.

Una parte procede de la tierra

Y otra parte del cielo” Studert Kennedy

 

La vida cristiana no puede entenderse sin una lucha.

El cristiano, el cristiano es un guerrero que pelea contra el diablo, el mundo y uno mismo.

Son tres enemigos poderosos, pero tiene al Espíritu Santo dentro que vence a los tres.

Veamos algunas enseñanzas:

 

1.- Andad en el Espíritu.

Hay lucha, pero no hemos de escondernos por miedo, hemos de avanzar, hay que andar.

La vida cristiana es un camino que hemos de andar. Cada día damos pasos para llegar a la meta.

Hemos de andar en lo que Dios dice llenos del Espíritu Santo para ser victoriosos.

Demos pasos, avancemos en estar en comunión con Dios.

Lo importante del camino de la vida es quien te acompaña, has de andar con el Espíritu Santo.

 

2.- No satisfacer los deseos de la carne.

El enemigo que llevamos dentro nos produce deseos contrarios a la voluntad de Dios.

Es un enemigo que roba la bendición de Dios y que solo puede vencerse estando llenos del Espíritu Santo.

Usted decide si satisface los deseos de la carne o anda en el Espíritu y usted tienen autoridad para ser vencedor a los deseos de la carne. Si no pudiésemos vencer, Dios no nos lo pediría.

Podemos vencerlo no por nuestra fuerza, sino por la obra del Espíritu Santo en nosotros, por eso hemos de andar en el Espíritu.

 

3.- Guerra interna.

“Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (V.17).

Dos deseos peleando dentro nuestro.

“Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. 22 Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; 23 pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24 ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:21-24).

La carne quiere pecar, el espíritu humano del cristiano nacido de nuevo quiere andar con Dios.

Es importante que entendamos que el mayor enemigo no es el diablo, sino el deseo pecaminoso que hay dentro de nosotros.

Todo cristiano ha de entender que está en guerra y el principal enemigo es uno mismo.

Cuanto más matamos al viejo hombre, más liberamos lo de Dios en nuestra vida.

 

4.- El arma poderosa.

“Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley” (V.18).

En esta guerra que no podemos vencer por nuestra fuerza, Dios manda su Espíritu Santo para llenarnos y desde dentro vencer los instintos de la carne.

El Espíritu Santo dentro de nosotros nos libra de la maldición del pecado que la ley define y especifica, para que seamos conscientes.

A veces nos han preguntado: “¿Si me convierto a tu religión puedo hacer…?  Evidentemente la contestación es que nunca podrá vivir de la manera que Dios quiere. Es imposible, el ser humano no puede vencer a la carne.

Por eso Dios dentro de nosotros nos capacita para ser más que vencedores.

La gente que no anda en el Espíritu y se deja llevar por la carne, se asombra de los que se dejan llevar y que como consecuencia conquistan y llegan lejos.

 

5.- Manifiestas son las obras de la carne (V.19-21).

Faneros: Públicas, visibles, notorias, manifiestas.

Se ven, las obras de la carne son visibles, no hay que ser muy inteligentes para darse cuenta.

Las obras de la carne se producen en nuestro corazón, pero salen fuera y se hacen visibles a los demás.

 

No podemos entender el fruto del Espíritu sin tener en mente las obras de la carne.

El apóstol une las obras de la carne al fruto del Espíritu Santo en los versículos 22 y 23, porque van unidos, están relacionados. Veamos esa relación.

 

Obras de la carne frente a fruto del Espíritu Santo

 

1.- Adulterio y fornicación.

La lista comienza con estas dos que no son sino un desglose de la palabra Porneia que significa impureza sexual. La “Porneia” produce un amor egoísta.

Los pueblos antiguos tenían su moralidad y sus normas de conducta y muchas de ellas corresponden con las normas que la Biblia tiene, sin embargo, una de las cosas que le cristianismo vino a cambiar en la moral del mundo antiguo es relativo a esto.

El sexo, al igual que hoy, era una práctica generalizada y se practicaba todo tipo de perversión sexual y era aceptado como algo correcto.

Esta forma incorrecta de expresión del amor que produce corazones rotos, niños con conflictos, egoísmo, “usar y tirar” a la gente con la que se ha estado, madres solteras, abortos.

El Espíritu Santo nos da un fruto que es el amor.

El amor comprometido, entregado, que hace que la gente se encuentre bien, que los niños se críen con seguridad y no sigan los pasos desviados de sus padres destruyendo sus vidas. Dios produce en el cristiano el amor sano dirigido hacia una persona con la bendición de Dios.

El fruto del amor bendice, da estabilidad, seguridad y viene del Espíritu Santo.

La palabra para este fruto es Agape: Amor desinteresado, amor de Dios, amor que bendice y no busca sacar provecho personal.

El que vive en el fruto del Espíritu tiene una vida de éxito mientras el que vive en la obra de la carne tiene una vida de pena.

 

2.- Inmundicia y lascivia.

Inmundicia: Akatarsia significa impureza, contaminación.

Esta palabra se usa para definir pus en una herida infectada, o a un árbol que nunca ha sido podado, o algo que después de filtrar mantiene impurezas suspendidas.

Es lo contrario a Kataro (puro) así que Akatarsiaes impureza, contaminación, algo que impide acercarse a Dios.

Tiene que ver con la gente que “pone una vela a Dios y otra al diablo” los que mezclan y viven buscando los beneficios sin importar de donde venta.

Quieren los beneficios de Dios sin pagar el precio, sin limpiarse de todo lo que le estorba.

Quieren ser felices, tener beneficios, pero no dan los pasos necesarios para tener este beneficio.

Es estar feliz disfrutando de todo lo que se presente, sin filtrar lo que desagrada a Dios y lo que Dios apoya.

Lascivia: Aselgiase puede definir como “la disposición para cualquier placer”.

Es cuando se entra en una espiral de pecado que no tiene freno.

Josefo aplicó esta cualidad a Jezabel cuando construyó el templo a Baal en Jerusalén.

Está tan centrado en sus deseos, especialmente los sexuales, que no le importa lo que los demás piensen, ni siquiera Dios. “Somos adultos y podemos hacer lo que queramos”.

Es una forma de estar contento, feliz, dejándose llevar y cometiendo lo que sea, porque la meta es estar bien.

 

Frente a estas dos formas de divertirse, de pasarlo bien, sin importar si para esto se peca y desagrada a Dios. El Espíritu Santo nos da el fruto del gozo.

El gozo es el resultado de la unión íntima con Dios y no depende de factores externos, sino que es el resultado de tener al Espíritu Santo morando en nuestro interior. “De su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:38).

La palabra gozo en griego es Jara y define la alegría como el resultado de una experiencia espiritual.

No es la alegría que se produce cuando lo material nos es favorable, sino que es el gozo de estar en comunión con Dios.

Estar con Dios es una gozada, pero es muy difícil tener esta comunión si buscas la felicidad en cosas que acabarán destruyéndote.

Llenos del Espíritu Santo recibimos lo que la gente busca y no encuentra y se acaban muriendo secos y destruidos.

La gente vive una vida triste, práctica “Poerneía, Akatarsia y aselgia” y están vacíos. Y además piensan que eso es todo, pero el gozo del Señor está disponible para todo el que se acerque e Él.

Cuando la gente muere tiene un sentimiento de vacío “¿para que viví?” Se dan cuenta que han tirado a la basura el regalo de la vida.

Vivir lleno del Espíritu Santo, produce llenura y la satisfacción de hacer lo correcto.

Dios quiere hacer al hombre feliz, por eso le da el fruto del Espíritu Santo para combatir las obras de la carne.

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