La armadura de Dios

 “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. 14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, 15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. 16 Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. 17 Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; 18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6:10-18).

 

Nos encontramos al final de la epístola de Efesios. Durante toda la carta Pablo a escrito sobre:

 

a.- Bendiciones en los lugares espirituales.

b.- Salvación por gracia.

c.- Reconciliación por la cruz.

d.- Amor que excede a todo conocimiento.

e.- La unidad del Espíritu.

f.- La nueva vida en Cristo.

g.- La autoridad y la sumisión de los unos a los otros.

 

Ahora está acabando y cierra la epístola con la visión de la lucha espiritual.

El cristiano es un guerrero que tiene que pelear y si no entendemos esto podemos ser engañados, ya que el diablo quiere hacer que perdamos la visión y acabemos en los lugares donde peor lo podemos pasar.

Veamos algunas de las características de esta lucha:

 

1.- Ilustración. –

Pablo hace una ilustración de la armadura del soldado romano para mostrarnos cuales han de ser nuestras armas.

Evidentemente es una ilustración, una parábola que trata de enseñarnos para que conozcamos para que sirven estas armas.

 

2.- Identificar al enemigo. –

Si un ejército no identifica al enemigo igual acaba peleando entre los propios soldados o atacando a fuerzas amigas.

Es importante tener claro el enemigo contra el que hay que luchar.

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (V.12).

El enemigo no son la gente, es el diablo. No es tu madre, es el diablo; no es tu esposo, es el diablo; no es tu suegra, es el diablo; no es el pastor, es el diablo.

 

A veces la gente se deja usar por el diablo y esto produce confusión:

“Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. 23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mateo 16:22-23).

Pedro le puso boca a los pensamientos de Satanás, el diablo usó la boca de Pedro para tentar a Jesús; pero no era Pedro, era Satanás usando su boca. De hecho, Pedro continuó siendo apóstol y Dios le utilizó mucho posteriormente, pero en aquel momento de debilidad el diablo lo usó.

 

3.- Estructura de las fuerzas satánicas. –

Principados, potestades, gobernadores de las tinieblas, huestes espirituales de maldad (V.12).

El diablo no es omnipresente, por eso tiene un ejército piramidal donde él está al mando, luego coloca a príncipes

 “Él me dijo: ¿Sabes por qué he venido a ti? Pues ahora tengo que volver para pelear contra el príncipe de Persia; y al terminar con él, el príncipe de Grecia vendrá” (Daniel 10:20).

También coloca potestades y por último los demonios de a pie, la tropa, las huestes espirituales de maldad.

De esta manera tienen gobierno sobre este planeta. Dios puso al hombre como gobernador, pero el ser humano entregó el mundo al diablo y ahora este ejerce autoridad.

 

4.- Equipamiento. –

Ante este enemigo, el soldado del reino de Dios tiene que estar bien equipado.

No se puede vencer las balas con palos, es preciso que tengamos el armamento correcto y efectivo para vencer.

Dios nos da una armadura perfecta para vencer al diablo.

 

a.- Ceñidos los lomos: “ceñidos vuestros lomos con la verdad” (V.14)

Hace referencia al cinturón que los romanos tenían que no solo servía para que la ropa estuviera ajustada, sino que además era soporte de la coraza y en él se colocaba la espada, un puñal y otras cosas.

Sin cinturón, algo simple, el soldado no podía vestirse de forma efectiva.

La verdad es la base de toda la armadura del cristiano, es lo que sujeta todo lo demás.

La verdad de Dios, decirnos la verdad los unos a los otros, no engañar es nuestra fortaleza.

El mundo pelea con la mentira, Satanás es el padre de la mentira sin embargo el evangelio es verdad, Jesús es verdad, y lo que sostiene nuestra armadura es la verdad.

La mentira es un arma diabólica, el diablo sabe que si es capaz de introducir una mentira en la cabeza de alguien puede convertir a una buena persona en un terrorista.

El cristiano con la verdad destruye las mentiras que Satanás quiere meterle.

 

b.- La coraza: “vestidos con la coraza de justicia”.

La justicia, actuar con integridad, tratar a la gente como se merece, vivir de manera correcta.

En una ocasión acusaron a Platón de cometer ciertos crímenes, y Platón dijo: “Bueno, vivamos de forma tal que la gente vea que esas acusaciones son falsas”.

Vivir en integridad, llevar una vida justa es un arma que destruye muchos ataques del diablo.

 

c.- Calzado: “calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz”.

El calzado es algo muy importante en la batalla.

En la actualidad se estudian materiales, resistencia, formas, y características para que el soldado avance y no tenga problemas en los pies.

No se puede luchar descalzo, es necesario un buen calzado que proteja del tiempo, de los animales, de piedras.

El evangelio de la paz es ese calzado que llevamos los cristianos.

El evangelio pone paz entre Dios y el hombre.

Gracias al evangelio podemos avanzar, ya no estamos atados, pertenecemos al ejército de Dios.

No tener deudas con Dios es lo que permite que avancemos de forma efectiva, tenemos un buen calzado.

 

d.- El escudo: “tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno”.

El escudo romano era grande, cubría al soldado por completo y si se juntaba con otros soldados podía avanzar con la formación de tortuga y los dardos que lanzaba el enemigo no tenían efecto.

Los dardos de fuego eran terribles, untaban la flecha con brea, le prendían fuego y no solo quemaban las estructuras de madera que usaban para atacar o defenderse, sino que si se te clavaba en el cuerpo no solo te hería, sino que te quemaba.

El escudo paraba los dardos y le quitaba efectividad.

El diablo quiere lanzarnos dardos de fuego, dudas, mentiras, exageraciones, centrarte en cosas que Dios no quiere que te centres, desorientarte, etc. Quiere hacer que caigas y dejes la vida cristiana.

La fe en Dios bloquea los dardos de fuego de Satanás.

La fe que conquista, la fe que hace mover la mano de Dios en la tierra es la fe que deja en nada los dardos de fuego del maligno.

 

e.- El yelmo: “tomad el yelmo de la salvación”.

El casco protege de golpes la cabeza, la cabeza es vital, si recibes un golpe en la cabeza pierdes el sentido y eres enemigo vencido, es preciso proteger la cabeza del soldado.

La salvación es lo que nos protege.

Saber que somos salvos, que vamos al cielo, tener esta seguridad es lo que nos protege de las mentiras y los ataques de Satanás.

 

f.- La espada: “Y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”.

La espada es el arma de ataque, hasta aquí hemos vistos armas de protección.

La espada salía entre los escudos y atacaba al enemigo cuando los soldados avanzaban en formación de tortuga.

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12).

La palabra de Dios tiene dos filos uno para atacar al diablo: “No te creo, Dios dice otra cosa”, y otra para atacar al viejo hombre quitando lo que estorba dentro de nosotros.

 

5.- Estrategia. –

 “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (V.18).

Cuando el soldado se encontraba completamente equipado ahora tiene que tener una estrategia de lucha, ha de saber cómo moverse con la ropa que tiene puesta. Este versículo nos habla de la estrategia de lucha del cristiano:

  • Oración constante: La oración es la principal arma de guerra, cuando oramos estamos haciendo temblar al enemigo.
  • Suplicar a Dios en el Espíritu: El Espíritu Santo es un aliado nuestro para pelear contra Satanás, supliquemos a Dios movidos por la dirección del Espíritu Santo.
  • Estar velando: El diablo va a querer entrar cuando nos despistamos, cuando nos dormimos, hemos de velar para evitar que las mentiras de Satanás se introduzcan en nuestra mente.
  • Ser persistentes: El diablo es constante, y nosotros lo hemos de ser también. Mientras que él ataque nosotros nos defendemos, y además hemos de atacar y conquistar lo que el diablo haya tomado. No se desanime, sea persistente, Dios está con usted.
  • Orar por otros: Todo soldado ha de ser consciente de que no está solo, que él éxito está en el apoyo de los unos con los otros. Apoyémonos en oración para vencer.

 

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