La última oración de David

 “Asimismo se alegró mucho el rey David, y bendijo al Señor delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh Señor, Dios de Israel nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo. 11 Tuya es, oh Señor, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Señor, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. 12 Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos. 13 Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre. 14 Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos. 15 Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días sobre la tierra, cual sombra que no dura. 16 Oh Señor Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos preparado para edificar casa a tu santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo. 17 Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada; por eso yo con rectitud de mi corazón voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, reunido aquí ahora, ha dado para ti espontáneamente. 18 Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel nuestros padres, conserva perpetuamente esta voluntad del corazón de tu pueblo, y encamina su corazón a ti. 19 Asimismo da a mi hijo Salomón corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, y para que haga todas las cosas, y te edifique la casa para la cual yo he hecho preparativos” (I Crónicas 29:10-19).

 

Cuando el rey David hace esta oración ya estaba anciano, habían pasado los días de matar leones, tocar el arpa, huir con los seiscientos por los montes escondiéndose en cuevas.

Había pasado el tiempo de la conquista, del establecimiento del reino, de la traición de su hijo Absalón, ya David está anciano.

En este momento tiene alrededor de 75 años, tal vez más.

 

“Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos” (Lucas 11:1).

 

Es bueno aprender de aquellos que saben más que nosotros, es de gente inteligente.

David ha vivido una vida intensa, poca gente ha vivido lo que vivió David, ha tenido una comunión profunda con Dios, ha escrito salmos, ha pecado y sido perdonado.

Ya ve que le queda poco tiempo, las fuerzas se le van, los años están haciendo mella en su cuerpo.

Es ahora cuando hace esta oración cargada de la sabiduría que dan los años de comunión con Dios.

 

1.- Esta oración tiene cuatro partes.

a.- Adoración (versículos 10-13).

b.- Reconocimiento de la dependencia de Dios (V.14-16).

c.- Ofrendas voluntarias (V.17).

d.- Ora por el corazón de la gente que se va a quedar después de su muerte (V.18-19).

 

2.- Adoración (V.10-13).

a.- Bendice a Dios delante de la congregación. “Asimismo se alegró mucho el rey David, y bendijo al Señor delante de toda la congregación”.

Hace partícipe de la alegría de bendecir a Dios al resto del pueblo.

Hemos de adorar a Dios gozosos y compartir este gozo con los demás.

Dios nos ha dado mucho, Dios nos ha dado lo que el mundo no puede dar, que lo sepa toda la gente.

 

b.- Bendice a Dios. “Bendito seas tú, oh Señor”.

Bendecir es decir bien, es lo contrario de maldecir, que es decir mal.

El cristiano habla bien de Dios porque le debe mucho. Dios nos ha dado todo, por eso hablamos bien de Él.

Cuando alabas y adoras bendecimos a Dios porque hablamos bien de Él.

 

c.- Todo es de Dios. Tuya es, oh Señor, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Señor, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. 12 Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos”.

Lo siguiente que hace en la oración es desterrar el orgullo. Entiende que no ha de actuar como si él lo hubiera logrado, como si fuera el merecedor del mérito de su reinado. Todo lo contrario, David reconoce que lo que tiene: El reino y el reinado, las posesiones, la familia, etc. Todo es de Dios.

Todo pertenece a Dios.

 

d.- “Tuyo es el reino”. El Padrenuestro incluye esta frase, pero es diferente, David se refiere al reino terrenal y el Padrenuestro al Reino de Dios.

Con todo el principio es el mismo, no poseemos nada todo viene de Dios.

 

3.- Reconocimiento de la dependencia de Dios (V.14-16).

a.- Damos de lo que recibimos. El pueblo ha dado ofrendas para edificar el templo, pero David dice algo muy interesante “de lo recibido de tu mano te damos”.

Dicho de otra manera, no damos a Dios, devolvemos a Dios.

Por mucho que dé nunca va a dar nada que antes Dios no le haya dado.

La vida, las posesiones, el tiempo, lo que sea, todo ha sido un regalo de Dios y lo único que podemos hacer es devolverle una parte de lo mucho que hemos recibido.

 

b.- Somos extranjeros y advenedizos en la tierra. “Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti”.

Las palabras advenedizos y extranjeros son prácticamente lo mismo.

Un advenedizo es alguien que viene de fuera al igual que extranjero, es una repetición.

Todos somos extranjeros en la tierra, estamos en un lugar que no nos pertenece.

  • En Costa Rica cuando llamaron a los nacionales.

 

c.- Estamos de paso. “Nuestros días sobre la tierra, cual sombra que no dura”.

David es mayor, es consciente de que ha estado viviendo en este planeta pero que ya se le acaba el tiempo y ha de regresar con Dios.

Estamos de paso, nadie se queda aquí perpetuamente, nuestro cuerpo va al polvo y el espíritu a Dios.

 

4.- Ofrendas voluntarias (V.17).

a.- Dios busca dadores voluntarios. “Voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, reunido aquí ahora, ha dado para ti espontáneamente”.

Damos a Dios voluntariamente porque le amamos no por obligación.

  • Viaje misionero a Ayamonte.

 

5.- Ora por los que se quedan (V.18-19).

a.- Ora por el pueblo y por su hijo. “Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel nuestros padres, conserva perpetuamente esta voluntad del corazón de tu pueblo, y encamina su corazón a ti. 19 Asimismo da a mi hijo Salomón corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, y para que haga todas las cosas, y te edifique la casa para la cual yo he hecho preparativos”.

La vida es como una carrera de relevos, nuestra oración ahora y nuestra fe va a bendecir a los que se quedarán después de que nos hayamos ido.

La gente que vive sin sentido no entiende nada de esto, simplemente se mueren y el que venga detrás que arree.

El hombre de Dios sabe que está aquí cumpliendo una misión, que se va a ir, y quiere dejar gente que continúen con la labor.

 

b.- Ora por la voluntad del corazón. – “Conserva perpetuamente esta voluntad del corazón de tu pueblo” El corazón humano es voluble, se desvía con facilidad, se deja engañar, es engañoso.

Vamos a encontrarnos con gente que piensa que hace bien cuando está haciendo mal, gente que piensa que actúa bien y actúa mal.

 “Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios” (Juan 16:2).

El corazón se deja llevar por los sentimientos e ignora las consecuencias.

Todos hemos conocido a gente que se deja llevar por los sentimientos y van de un tortazo en otro. Nunca enderezan su vida, y sin embargo continúan dejándose llevar por los sentimientos.

 

c.- Encamina su corazón. “Encamina su corazón a ti”.

Cuando se desvíe, pida que Dios les ayude a volver al camino correcto. Y cuando no se desvíe pida que continue por ese camino que Dios ha puesto en dirección a Dios y su voluntad.

 

d.- Pide por un corazón perfecto para Salomón. “Asimismo da a mi hijo Salomón corazón perfecto”. La idea de perfección de corazón tiene que ver con integridad.

La integridad es la disposición del corazón humano de permitir que la verdad de Dios le exponga lo que está mal y estar dispuesto a cambiar.

Nadie que no esté dispuesto a dejarse corregir por Dios es íntegro.

 

e.- Invertir en lo que se ha pedido. “Te edifique la casa para la cual yo he hecho preparativos”.

Se habían recogido muchas ofrendas para hacer el templo, la gente había sido generosa porque quería que se edificara el templo.

Es importante que se invierta en aquello para lo que la gente da.

Oraba para que su hijo no se desviara y utilizara todo lo dado para otra cosa.

Está orando por la honestidad de su hijo.

Oremos por la integridad, por la honestidad, por la consagración de nuestros hijos.

No estamos sembrando en vidas que van a perderse, Dios nos ha dado hijos para que se los cuidemos a Él y hemos de pelear que nuestros hijos sean siervos de Dios con todas las armas que Dios nos ha dado, por supuesto con la oración.

 

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