Dos reinos en guerra

“Aconteció en un día de reposo, que pasando Jesús por los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos. 2 Y algunos de los fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los días de reposo? 3 Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, lo que hizo David cuando tuvo hambre él, y los que con él estaban; 4 cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, y comió, y dio también a los que estaban con él? 5 Y les decía: El Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo. 6 Aconteció también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenía seca la mano derecha. 7 Y le acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle. 8 Mas él conocía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie. 9 Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o quitarla? 10 Y mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada. 11 Y ellos se llenaron de furor, y hablaban entre sí qué podrían hacer contra Jesús” (Lucas 6:1-11).

 

En U.S.A. en el año 1929 viene el crash, la gente lo pierde todo, y muchos vagan por las calles buscando trabajo.

El gobierno estadounidense abre ofertas de empleo en el ejército, y además de un buen sueldo daban casa gratis. Muchos muchachos se apuntaron al ejército felices de salir de la situación económica en la que se encontraban.

En 1939 Alemania invade Polonia y empieza la segunda guerra mundial, pero eso es en Europa y queda muy lejos, sin embargo en 1941 Japón ataca Pearl Harbor y U.S.A. entra en la segunda guerra mundial.

Estos muchachos lloraban porque iban a la guerra, ellos se habían hecho militares por el sueldo y por la casa, pero no querían ir a la guerra.

 

Jesús vivió en una sociedad religiosa que le atacaba, y siempre supo que estaba en guerra.

En estos textos y en los anteriores vemos como los judíos le iban siguiendo y atacando por donde iba.

En este caso la excusa era el día de reposo.

 

1.- La sociedad es anticristo.

No importa la sociedad en que vivas, este sistema mundano está diseñado para atacar los principios del reino de Dios.

Jesús en Israel y los cristianos en cualquier otra sociedad siempre tendremos persecución del reino de Satanás, es que el reino de Dios y el del diablo se encuentran en guerra.

Cuando alguien se convierte cambia de reino y Satanás no lo consiente y va a perseguirlo.

En algunos lugares la persecución es física, en otros ideológica, pero siempre se va a perseguir a aquellos que aman a Dios.

 

2.- La ley de Dios es justa.

“Sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos”.

La ley de Israel permitía coger espigas de los campos sembrados siempre y cuando fuese solo para comer.

Dios no quería que nadie muriera de hambre en Israel y legalizó que los pobres pudieran tomar comida para sustentos de los campos de los demás.

“Cuando entres en la viña de tu prójimo, podrás comer uvas hasta saciarte; mas no pondrás en tu cesto. 25 Cuando entres en la mies de tu prójimo, podrás arrancar espigas con tu mano; mas no aplicarás hoz a la mies de tu prójimo” (Deuteronomio 23:24-25).

De todas formas, era algo mal visto porque era señal de pobreza de no tener suficiente para comer.

 

3.- Metas diferentes.

Jesús en estos momentos vivía como los pobres, posteriormente Judas llegó a ser el tesorero y sin llegar a ser ricos podían vivir de manera más holgada, pero durante un tiempo vivió en la pobreza.

A Pablo le pasó igual: “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:12-13).

La sociedad busca y promueve la riqueza, Jesús tenía la misión de extender el reino de Dios; son dos metas completamente diferentes y contrarias.

La meta del mundo es la riqueza, la del reino de Dios es extender el mensaje de salvación y lo económico es secundario.

Dios da dinero a los que sabe que su corazón es el servicio a Dios, a los que ponen primero el reino de Dios.

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan” (Mateo 6:19-29) “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

Por supuesto necesitamos dinero para vivir, pero aquí está hablando de una actitud del corazón y de una disposición sincera a la acción.

 

4.- Arma de guerra: enseñar.

 “Aconteció también en otro día de reposo, que él entró en la sinagoga y enseñaba” (V.6).

Hay muchas cosas que la gente ignora, ya que están acostumbrados desde pequeños a recibir mensajes incorrectos, erróneos, acerca de la vida y del sentido de esta, por eso es importantísimo el ministerio de enseñanza de la iglesia.

Hay que enseñar los domingos en el culto, con los discipulados, con libros, con internet y con todo lo que esté en nuestras manos. La gente tiene que saber cual es la manera correcta de vivir. Lo que de verdad le va a traer bendición.

 

5.- El diablo busca la forma de atacar.

“Y le acechaban los escribas y los fariseos, para ver si en el día de reposo lo sanaría, a fin de hallar de qué acusarle” (V.7).

Esta gente no tenía intención de aprender sino de atacar, el castigo por desobedecer la ley era la muerte.

En aquel entonces las leyes fueron dadas por Dios y por tanto tenían que mirar con lupa para encontrar algo que ellos pensaban que era incorrecto.

En la actualidad tenemos un resultado más refinado que hace 2000 años, ya que las leyes en la actualidad la fabrican los hombres y entre otras cosas incluyen la persecución de los seguidores del reino de Dios.

En Corea del Norte predicar y seguir el evangelio es delito.

En países Islámicos predicar el evangelio es delito.

En el mundo occidental se escoge cosas que la Biblia dice que es pecado y se obliga a seguirlas, porque si no lo haces estás cometiendo un delito.

El asunto es atacar, porque el diablo está ofendido con los que viven en el reino de Dios.

 

6.- Jesús conocía sus pensamientos.

Mas él conocía los pensamientos de ellos” (V.8).

¿Por qué los conocía?

Tal vez por la insistencia anterior que le había enseñado que detrás de sus preguntas había un intento de atacar.

Tal vez porque como creador del ser humano conocía la sicología de los atacadores.

Sea como sea Jesús demostró valor al no dar de lado la situación.

Su meta era abrir los ojos de todos, aún de los que le atacaban ya que incluso los enemigos de Cristo son pobres criaturas engañadas por Satanás que precisan convertirse.

 

7.- Segunda arma de guerra: poder.

“Y mirándolos a todos alrededor, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así, y su mano fue restaurada” (V.10).

El reino de Dios es un reino de poder. Jesús en vez de dar explicaciones con palabras en este momento demuestra el poder de Dios sanando a este hombre.

El ministerio de la iglesia es doble, predicar el reino y orar por los enfermos, por situaciones, países, y lo que el Espíritu Santo nos lleve a orar.

Ora por la gente y espera que Dios te sorprenda.

Él está buscando a un pueblo que le crea para hacer cosas maravillosas aquí abajo en la tierra.

 

8.- Actitud de Jesús tras la persecución.

“En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. 13 Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles” (V.12-13).

Orar y continuar con el proyecto de Dios.

Buscar de Dios para saber como continuar sirviendo a Dios.

Ahora escoge a los 12, luego las cosas que fueron siendo necesarias, como ser fortalecido en Getsemaní.

El ataque del diablo no debe parar el proyecto que Dios tiene para nuestras vidas.

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