El discípulo conquista su mente

“Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, 8 y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo” (Éxodo 3:7-8).

 

Este pasaje ocurre cuando Moisés está delante de la zarza ardiente.

Dios habla con Moisés y le cuenta los planes que tiene para él, y para su pueblo.

Son planes maravillosos.

 

1.- Tierra maravillosa.

El pueblo de Israel está oprimido en Egipto, y Dios oye el clamor y decide mandarlo a una tierra maravillosa, se le define como la tierra que “fluye leche y miel”.

Dios iba a librarlos de la opresión de los egipcios y lo lleva a un lugar de bendición.

 

2.- Tiene enemigos.

Sin embargo, ese lugar no estaba deshabitado, sino que estaba ocupado por “el cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo”.

Le manda a un lugar maravilloso, pero lleno de enemigos.

Todas las bendiciones de Dios tienen enemigos que conquistar.

Cuando Dios te quiere bendecir te manda a situaciones en las que tienes que conquistar para que la bendición llegue.

Situaciones difíciles, problemas, complicaciones, separaciones, no son sino oportunidades para conquistar tu tierra prometida.

Hay una tierra que fluye leche y miel dispuesta para ti esperando que la conquistes.

 

3.- Conquistar la mente.

¿Y qué de nuestra mente? John Milton dijo: “La mente en su propio lugar, y en sí misma puede hacer un paraíso del infierno y, un infierno del paraíso”.

El discípulo lo primero que tiene que conquistar es su mente.

La mente va a creer cualquier cosa antes que lo que Dios dice en su palabra.

Si no conquistas tu mente vas a ver a un faraón que vence a Dios y a unos habitantes de Canaán que son superiores a ti.

Hemos de reeducar la mente para enseñarla a creer las verdades de Dios.

 

4.- El poder.

La mente puede estar llena de mentiras o de verdades, es más, el diablo trata continuamente de llenarte la mente de mentiras, cuando crees las mentiras le das poder al mentiroso.

 “Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros. 32 Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. 33 También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos” (Números 13:31-33).

Cuarenta años antes de que conquistaran la tierra que “fluye leche y miel”, unos espías fueron a tomar la tierra, y al ver a los gigantes dijeron a los israelitas: “No podremos subir contra aquel pueblo”.

Cuarenta años después se demostró que era mentira, porque con el poder de Dios tomaron la tierra, pero la mentira les hizo dar vueltas por el desierto por cuarenta años.

 

5.- Algunos enemigos a expulsar de nuestra “mente” prometida.

 

a.- Mentiras.

Si no tienes fe para creer lo que Dios dice, es porque hay alguna mentira que te impide creer.

Su mente, ese lugar maravilloso que “fluye leche y miel”, está ocupado por “el cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo”.

El discípulo ha de conquistar su mente expulsando las mentiras.

 

b.- Pensamientos de queja.

La queja es manifestar disgusto por lo que le ocurre, no creer que Dios es poderoso para hacer cosas grandes.

“Pero tú eres santo, tú que habitas entre las alabanzas de Israel” (Salmo 22:3).

El discípulo es alguien que ha sido libre de la condenación de su pasado.

 

c.- Pensamientos de temor.

“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor” (I Juan 4:18).

Libre de miedos.

El miedo atrapa, el amor capacita y da poder.

Dios quiere que llenemos nuestro corazón de amor, para que el miedo deje de apresarnos.

El discípulo ha de tener pensamientos de seguridad en el amor de Dios.

“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:37-39).

Un discípulo sabe que hay un lugar de seguridad en el amor de Dios.

¿Qué tenemos seguro en el amor de Dios? Todo, ni “lo presente, ni lo por venir”, ni el presente ni el futuro, ni la muerte, ni la vida, ni los demonios, nada puede separarnos del amor de Dios.

Estamos en una posición de seguridad.

Dios le ama y está seguro.

 

d.- Vergüenza del pasado.

Si el enemigo no te causa nuevos problemas, nuevos daños, hace que te avergüences de los pecados del pasado.

“De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (II Corintios 5:17).

El discípulo es alguien que ha sido libre de la condenación de su pasado.

 

6.- El deseo del corazón de Dios.

Es tener una iglesia llena de discípulos que son libres para pensar y no están atados ni al pasado ni al pecado.

Una iglesia llena de discípulos que son libres de las mentiras y creen la verdad de la palabra de Dios.

 

7.- Pedro.

“Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. 23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mateo 16:22-23).

Pedro estaba atento a las cosas de los hombres: “no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres”.

Mirar las cosas de los hombres y no mirar el plan de Dios es de naturaleza demoniaca.

Mirar las cosas de los hombres es mirar tus intereses en vez del plan de Dios.

Mirar las cosas de los hombres es poner tropiezo a los que quieren servir a Dios.

 

8.- El arrepentimiento.

La conquista de la tierra prometida comienza con el arrepentimiento de todo lo que antes hemos hecho mal.

El pueblo que no se arrepintió no entró en la tierra prometida.

Toda una generación murió en el desierto y se quedó fuera.

Entramos en el reino a través de un cambio de conducta.

Dios no quiere que usted se quede en el desierto, Él quiere que usted cambie de conducta y entre en la tierra prometida y conquiste la tierra que “fluye leche y miel”.

 

9.- La meta.

La meta del discípulo no es solo estar perdonado, sino también pensar en libertad.

Pensar en aquello que nos libera y nos bendice.

 

10.- Pensamientos de acción de gracias.

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

La acción de gracias es lo mejor que puedes hacer.

Cuando las cosas estén mal, agradezca a Dios.

Agradecer te inmuniza contra el orgullo, ya que agradeces lo que no procede de ti.

Un discípulo entiende la importancia de dar gracias a Dios en todo y por todo.

Si quiere paz ha de renunciar a su derecho a entender “sobrepasa todo entendimiento”.

 “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3). Es por la fe que entendemos.

 

11.- La receta.

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).

Este versículo es la receta para tener una mente sana. El discípulo sabe seleccionar sus pensamientos.

Algunas frases del libro “El líder que Dios quiere que sea”:

 

“El Éxito y el fracaso está en mi decisión de aceptar unos pensamientos u otros”.

“Cualquier pensamiento que repita, modificará su vida”.

“Con nuestros pensamientos somos creadores de nuestro futuro”.

“Usted es lo que piensa: Porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7),

 

El discípulo de Dios ha de moverse en fe y por fe; la fe es el motor que va a lograr que llegue lejos.

Ha de entender que, ha de tener una vigilancia constante a sus pensamientos, estos son los que van a edificar en su interior un carácter victorioso o fracasado que va a manifestarse al exterior.

Ponga una aduana en su mente, no permita que entren pensamientos que le perturben, y deje los pensamientos que tienen las características que da este texto.

 

 

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