Después de Emaús

“Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. 37 Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. 38 Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? 39 Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. 40 Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. 41 Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? 42 Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. 43 Y él lo tomó, y comió delante de ellos. 44 Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45 Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; 46 y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; 47 y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. 48 Y vosotros sois testigos de estas cosas. 49 He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Lucas 24:36-49).

 

Pasaje paralelo.

 

 “Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros. 20 Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor” (Juan 20:19-20).

 

1.- El mismo día.

“Cuando llegó la noche de aquel mismo día”.

Jesús resucita y como vemos en los versículos anteriores se presenta a los discípulos en Emaus, se aparece a muchas personas, y ahora se manifiesta en medio de los apóstoles.

Estuvo trabajando incansablemente antes de morir, y nada más resucita continua.

El Señor es un gran trabajador, el mismo día de su resurrección, el domingo, ya ha empezado a actuar.

“Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17).

 

Entre la cruz y la resurrección hay un silencio, un vacío, un sentir que todo había acabado, asís se sentían los apóstoles, por eso el Señor se da prisa.

 

El apóstol Pablo cuando tuvo un encuentro con el Señor, entendió este principio, no cesó de trabajar, viajó por gran parte del mundo conocido, escribió medio Nuevo Testamento, hizo misión apostólica por multitud de iglesias, bendijo a multitud de hermanos.

Pablo entendió la urgencia de hacer la obra de Dios el tiempo que tengamos de vida.

 

2.- Puertas cerradas.

 “Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros” (Juan 20:19).

Los discípulos estaban con las puertas cerradas.

Puertas físicas y puertas emocionales.

Personas que han fracasado en sus relaciones románticas y están cerradas a esa área, personas que han sido humilladas y no se atreven a hablar, mujeres que fueron abusadas de niñas y rechazan a los varones.

Las puertas se cierran cuando se tiene miedo al rechazo, a la persecución.

El miedo nos hace cerrar las puertas para evitar a los ladrones.

La persona maltratada cierra las puertas de las relaciones para no ser maltratada más.

El miedo convierte en inútiles, a gente que tiene mucho que dar.

 

3.- Jesús entra donde nadie puede.

“Vino Jesús, y puesto en medio”.

No tocó la puerta, no pidió permiso, Jesús atravesó las paredes y entró.

No hay puerta que pueda detener al Señor.

El Señor viene a derribar las puertas que hemos levantado a la vida.

Personas que vivían encerradas en sí mismas, han visto como el Señor derribó sus puertas y sus vidas cambiaron.

La conversión es derribar la puerta en la que estábamos encerrados y abrirnos la de la vida eterna.

 

Moisés estaba asustado, había huido de Egipto, había estado trabajando de pastor por 40 años, se sentía inútil, incapaz de hablar, dudaba de que su pueblo le creyera, intentó evitar el llamado de Dios, pero a pesar de eso, el encuentro con Dios en la zarza le hizo enfrentar a Faraón, guiar al pueblo, y convertirse en el libertador del pueblo de Israel.

 

El miedo llamó a mi puerta, mandé a mi fe que abriera y no había nadie.

 

4.- No viene con reproche.

“Les dijo: Paz a vosotros”.

Entra con la palabra: “Paz”.

En griego es “Eirene”, en hebreo “Shalom”.

Era el saludo habitual de los judíos, pero aquí tiene un significado especial, ya que ellos le habían abandonado, uno negado, todos fallados, pero Él viene con la palabra “paz”.

 

En medio de la traición, Jesús viene con paz.

En medio de la confusión, Jesús viene con paz.

En medio del miedo, Jesús viene con paz.

 

La paz transforma la situación, cambia la intranquilidad en descanso.

Jesús les está diciendo que no tiene en cuenta sus pecados, que venía para otra cosa.

 

Jesús estaba a otro nivel, cuando estás a otro nivel, no te preocupas de las cosas simples de este mundo, como es el resentimiento.

 

5.- Paz con Dios.

Es importante que Dios nos diga que estamos en paz.

El ser humano se ha convertido en enemigo de Dios, está en guerra contra Dios.

Pero después de la resurrección, vino paz, el armisticio se firmó con la sangre de Jesús.

 

6.- Heridas.

“Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies”.

El cuerpo resucitado de Jesús tenía heridas, pero no tenía dolor.

 

Cuando resucitemos tendremos un cuerpo similar al de Él.

El cuerpo es la anestesia de la dimensión del espíritu.

Por eso mucha gente desprecia a Dios, porque están anestesiados, y solo Jesús nos despierta.

Les mostró las heridas para probar que realmente había resucitado.

Les mostró las heridas para que los discípulos creyeran.

Jesús les mostró sus heridas porque están eran la prueba del amor de Dios hacia nosotros.

Lo hizo no solo para mostrarles que era quien decía ser, sino también para mostrarles el amor de Dios.

En apocalipsis se nos muestra a Jesús como un cordero inmolado, pero vencedor y glorioso.

 

7.- La duda no quita la presencia de Dios.

“¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos?”.

Jesús en medio de la duda, se acerca más.

Jesús no se espanta con tus dudas, sino que se acerca más a ti.

La duda nos aparta de las conquistas, de los logros poderosos, pero no nos aparta del amor de Dios.

La duda desaparece cuando tenemos un encuentro con el Señor.

 

8.- Transforma la incredulidad en convicción.

“Pensaban que veían espíritu”.

Jesús come con ellos.

Esto quita toda idea de que fue una alucinación, o cualquier otra cosa momentánea.

 

9.- Después de demostrarles que era Él, les abre las escrituras.

“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45 Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras”. (V.44-45).

Primero les muestra quien es, luego les muestra las escrituras, finalmente les abre el entendimiento.

Podemos ver cosas y no entender.

Podemos leer la Biblia y no entender.

Cuando Dios nos abre el entendimiento, entendemos lo que el cerebro no entiende.

Dios es un Dios de revelación, Él se muestra a su pueblo, Dios quiere que entendamos lo que la inteligencia humana no puede entender.

El pueblo de Dios está formado por personas de revelación.

 

10.- Gozo.

“Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor” (Juan 20:20).

El resultado de esto fue regocijo, gozo, alegría.

El gozo no viene por las circunstancias, sino por la presencia del Señor.

Cuando ve al Señor en medio de su vida viene gozo.

No hay nada más triste que una vida sin Dios.

Ver a Jesús actuando y moviéndose en tu historia te llena de gozo.

 

11.- De testigos a enviados.

Y vosotros sois testigos de estas cosas. 49 He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto”. (V.48-49).

Primero fueron testigos, y luego, cuando recibieran el Espíritu Santo, lo dirían a todos.

Cuando alguien recibe la bendición de Dios es testigo de que Dios es real, por eso después de esto lo comparte a los demás.

Conocer a Dios, ser salvo, tener una experiencia con Cristo nos convierte en testigos.

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