Transformados.

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (II Corintios 3:18).

 

Agustín de Hipona.

John Newton (traficante de esclavos).

  1. S. Louis (Ateo).

Niky Cruz (pandillero).

Brian Welch (miembro de la banda musical Korn).

Saulo de Tarso.

Lee Strobel (ateo y periodista).

Josh Mc Dowell (buscó desacreditar el cristianismo).

María Magdalena.

Nick Vujicic (sin brazos y sin piernas).

Alice Cooper (roquero).

 

Todas estas personas tienen un vínculo común:

Estaban llenos de vacío, de error, o de búsqueda, pero tuvieron un encuentro con Jesús, cambiaron sus vidas, y a raíz de aquí tuvieron una vida de propósito, de paz y de bendición.

 

1.- Nos es conveniente cambiar.

Es un buen negocio para nosotros.

Venimos a la iglesia estropeados, necesitamos el cambio de Dios.

Necesitamos ser cambiados para tener una vida efectiva en el reino de Dios.

 

2.- Unción y desorden.

A veces se puede ser muy ungido, pero ser muy desordenado (Sansón).

 

3.- “Nosotros todos”.

La transformación, el cambio, no es cosas de algunos cristianos, todos hemos de entrar en la transformación que Dios quiere hacer en nuestras vidas.

La iglesia del Señor ha de tener una disposición a que Dios nos cambie.

En la mente de Dios no hay cristianos de primera (comprometidos que cambian)

y cristianos de segunda (que vienen al culto, pero siguen igual).

Es verdad que la velocidad de transformación es distinta, pero el cambio ha de estar en todos.

He visto cambios dramáticos, de la noche a la mañana con las emociones involucradas al cien por cien, y cambios progresivos conforme la palabra y el Espíritu Santo les tocaba.

 

4.- Cara descubierta.

En el original (Anakalupto), (Ana = quitar; Kalupto = cubrir).

“Con la cubierta quitada, de manera descubierta”.

En los versículos anteriores:

 

“Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. 16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará” (II Corintios 3:15-16).

Ya no hay velo entre nosotros y Dios.

 

“Y cuando acabó Moisés de hablar con ellos, puso un velo sobre su rostro. 34 Cuando venía Moisés delante de Jehová para hablar con él, se quitaba el velo hasta que salía; y saliendo, decía a los hijos de Israel lo que le era mandado. 35 Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios” (Éxodo 34:33-35).

Cuando Moisés descendía del monte su rostro brillaba, y tenía que ponerse un velo.

 

5.- Dos formas de mirar.

Moises miraba a Dios a cara descubierta.

El resto no solo no podía mirar a Dios, ni siquiera podía mirar a Moisés, y por eso se ponía el velo.

Ahora, en Cristo el velo es quitado.

Ya no hay velo, no hay barreras que frenen el ver a lo de Dios.

Antes había un velo que limitaba, ahora no lo tenemos.

Nosotros podemos mirar a Dios sin velo, igual que Moisés.

 

6.- Mirar la gloria de Dios.

Miramos la gloria de Dios, contemplar la gloria de Dios nos transforma.

En griego es “Doxa”, en hebreo “Kavod”.

Significa peso, importancia, grandeza.

 

En el antiguo Testamento la gloria era visible, se manifestaba externamente, era impresionante.

En el Nuevo Testamento la gloria no solo es una manifestación externa, también es la revelación de Dios al ser humano. Es visible e invisible.

Cuando Moisés la gloria era externa, ahora transforma al creyente.

 

La gloria es:

La naturaleza de Dios (su santidad, su amor, su justicia).

Su presencia (Dios obrando en la persona).

 

7.- En la misma imagen.

La transformación es en la misma imagen de Cristo.

Pensar, amar, perdonar, como Cristo.

Vivir con la humildad y el propósito de Cristo.

No es cualquier imagen, sino el carácter, la naturaleza y la forma de ser de Cristo.

 

8.- Como en un espejo.

Hay una limitación.

Los espejos de aquel entonces no reflejaban bien.

No podemos ver al cien por cien la gloria de Dios.

Si viéramos todo lo de Dios nuestros cuerpos no lo soportarían.

 

Por eso vemos la gloria de Dios a través de la Palabra, la fe, y la obra del Espíritu Santo.

 

Vemos la gloria de Dios de manera progresiva, pero no perfecta aún.

Por otro lado cuanto más miras a Dios, más te acabas pareciendo a Él.

 

9.- Su imagen se empieza a reflejar en nosotros.

Moisés reflejaba la gloria de Dios y la gente quedaba impactada, por eso se ponía el velo.

Cuando miramos a Jesús, nosotros reflejamos la imagen de Dios a la gente.

 

10.- Transformados.

Metamorfosis, (oruga)

Dios no solo vino a mejorarle, vino a transformarle.

No es dejar hábitos, es un cambio de corazón.

 

11.- De gloria en gloria.

Es un crecimiento espiritual progresivo.

Dios trabaja en nosotros poco a poco.

Una gloria lleva a otra.

Cuando vemos la gloria de Dios y la obedecemos, estamos abriendo la puerta para la nueva manifestación de la gloria de Dios en nuestras vidas.

 

12.- Es obra del espíritu.

“Por el Espíritu del Señor”.

La transformación no la producimos nosotros, es el Espíritu Santo el que la produce.

Nadie puede producirse el cambio a sí mismo.

 

Ahí fracasan las religiones, tratan de producir el cambio.

Ahí fracasa la religiosidad, no es por otras.

 

Es el Espíritu Santo personalmente el que nos toca y nos cambia.

 

Sin el cambio de Dios no podemos hacer la obra de Dios de manera efectiva.

No podemos seguir como somos y tener éxito en la vida, hemos de cambiar.

 

13.- Para cambiar es necesario: Saber que cambiar.

Necesitamos saber que cambiar.

El Espíritu Santo nos va a dirigir a aquello que tiene que ser transformado.

Va a dirigirnos a todo lo que hay que presentar en el altar del sacrificio.

Hay cosas que Dios puede tolerar por años, pero nos frenen el proceso de Dios en nuestras vidas.

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