“Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos. 31 Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros” (Números 13:30-31).
“Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años, desde el tiempo que Jehová habló estas palabras a Moisés, cuando Israel andaba por el desierto; y ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años. 11 Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar. 12 Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho. 13 Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb hijo de Jefone a Hebrón por heredad” (Josué 14:10-13).
La vida cristiana no es una carrera de cien metros, sino de resistencia.
No se trata solamente de comenzar bien, sino de permanecer fieles hasta el final.
Hay personas que comienzan con entusiasmo, pero cuando llegan las pruebas, se desaniman.
Comienzan con entusiasmo, pero cuando tiene que pagar el precio, se desaniman.
Han pasado 45 años entre estos dos pasajes, cuando la fe de Caleb desafió a los incrédulos, y ahora que Caleb continua con la misma fe.
Caleb, tenía 85 años cuando se presentó delante de Josué y le recordó una promesa que Dios le había hecho cuarenta y cinco años atrás.
Mientras otros piensan en retirarse, Caleb estaba pensando en conquistar.
Da un paso al frente y reclama su herencia.
Pide el monte que el Señor le había prometido.
1.- Todavía hay camino por recorrer.
Imaginemos a Caleb frente a Josué.
Muchos de los acontecimientos de su juventud ya forman parte de sus recuerdos.
Caleb no dice: “Ya es demasiado tarde”.
Dice: “Dios me ha sostenido hasta aquí, todavía tengo fuerzas y estoy dispuesto a avanzar”.
No podemos regresar al pasado, pero sí decidir qué hacemos hoy.
No sabemos cuántos años tenemos por delante (ejemplo del coche con la aguja del tanque de combustible rota) pero podemos vivir los que tenemos con fe y obediencia.
2. Dios permanece fiel.
“Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años, desde el tiempo que Jehová habló estas palabras a Moisés, cuando Israel andaba por el desierto; y ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años. (v.10).
Reconoce que no fue su capacidad la que lo preservó, sino la gracia de Dios «Jehová me ha hecho vivir».
Pensemos por un momento en todo lo que puede suceder durante 45 años.
Cambian las circunstancias, cambian las personas, aparecen dificultades.
Pero hay algo que no cambia: la fidelidad de Dios.
Habían pasado décadas, pero él no había olvidado lo que Dios le había dicho.
Otros habían olvidado la promesa, pensaban que ya no tenía sentido seguir esperando.
Pero Caleb sabía que el tiempo no puede anular la Palabra de Dios
Aun en los días más duros, Dios nos ha acompañado.
3.- La edad no apagó a Caleb.
“Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar” (v.11).
Caleb tenía ochenta y cinco años, pero no había perdido su confianza en Dios.
Su edad no había destruido su fe.
Una cosa es que el cuerpo envejezca y otra es que deje de confiar en el Señor.
Envejecemos de tres maneras:
1.- Cronológicamente: Esto no tiene arreglo, es la edad que marca el reloj.
2.- Intelectualmente: Si dejas de aprender, envejeces.
3.- Corporalmente: Si dejas de ejercitar tu cuerpo, envejeces.
4.- ¿Qué podemos aprender de Caleb?
a.- No permita que el pasado le robe el presente.
Caleb tenía recuerdos de batallas anteriores, pero no vivía de sus victorias pasadas.
b.- No confunda cansancio con derrota.
Hay temporadas en las que necesitamos descansar, y recibir ayuda, pero no abandonar nuestra fe.
c.- Siga siendo útil en las manos de Dios.
Caleb nos recuerda que la fe no termina cuando pasan los años.
Mientras tengamos vida, podemos orar, servir, animar a otros, evangelizar, discipular, ayudar y permanecer fieles a Cristo. (Esta semana hablé con un pastor con cáncer).
Tal vez ha perdido fuerzas físicas, pero puede seguir creciendo en sabiduría, amor y confianza en Dios.
No importa cuántos años hayan pasado; no deje que el tiempo destruya su fe.
5.- Siempre hay enemigos.
El diablo siempre va a tratar de frenarnos.
Va a mandar a Anaceos que quieran pelear contra usted.
En la vida cristiana hemos de entender que el diablo va a intentar pararnos, pero hemos de ser conscientes de que “Con Dios haremos proezas” y que tenemos que quitar el botín a aquel que está peleando para robarnos la bendición.
6.- La fe pide el monte.
“Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho” (V.12).
Caleb le dice a Josué: “Dame, pues, ahora este monte”.
Hebrón era una región montañosa habitada por los anaceos (gigantes) y protegida por fortalezas.
Otro habría buscado el terreno más fácil, pero Caleb pidió el desafío más grande.
No pidió un lugar tranquilo donde terminar sus días, sino la tierra que Dios le había prometido, un lugar en la que había desafíos y enemigos.
La dificultad no era más grande que el Dios en quien confías.
El monte representaba una herencia prometida, pero también una responsabilidad que asumir.
Su confianza no descansaba en la ausencia de obstáculos, sino en la ayuda de Dios.
7.- ¡Dame ese monte! ¿Cuál es su monte?
Quizá, restaurar la comunión con Dios después de un tiempo de enfriamiento espiritual.
Quizá, perseverar en su llamado.
Quizá, enfrentar el temor, o dar un paso de obediencia que lleva tiempo posponiendo.
Cuando sabemos lo que Dios nos pide, no debemos permitir que el miedo nos paralice.
Caleb no dijo: “Dame lo más fácil”. Dijo: “Dame este monte”.
8.- Actitudes para conquistar el monte.
- Recuerde lo que Dios ha hecho.
Recordar la fidelidad de ayer alimenta su confianza para los desafíos de hoy.
- De el paso que le corresponde.
La confianza en Dios no elimina nuestra responsabilidad; nos impulsa a cumplirla.
Presentó su petición y después tuvo que participar en la conquista.
No abandone la obediencia porque el camino sea difícil.
9.- La promesa se recibe caminando en fe.
“Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb hijo de Jefone a Hebrón por heredad.” (V.13).
Caleb pidió la tierra y Josué se la dio.
Caleb confió en Dios, pero también actuó bajo el liderazgo de Josué.
Su fe no lo convirtió en arrogante ni independiente.
10.- La fe no se jubila.
Caleb nos muestra que la fe no se jubila y que las promesas de Dios no vencen.
No importa cuántos años tengas, ni cuántos obstáculos veas frente a ti en este momento:
- Mantén tus ojos en las promesas, no en el tiempo de espera.
- Pide tu monte: Atrévete a creer por grandes cosas para tu vida, tu familia y tu comunidad.
