“Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; 24 y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. 25 Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. 26 Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. 27 De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.” (I Corintios 11:23-26).
1.- La Santa Cena no es una costumbre religiosa más.
Cuando tomamos el pan, recordamos el cuerpo de Cristo que fue entregado por nosotros.
Cuando tomamos la copa, recordamos la sangre de Cristo que fue derramada por nosotros.
Cada vez que celebramos la Santa Cena, estamos volviendo a mirar a Cristo.
Estamos volviendo a la cruz.
La Santa Cena nos lleva al evangelio.
2.- ¿Cuántas veces se nos dice que debemos celebrar la Santa Cena?
¿Con que frecuencia? ¿Cada semana? ¿Cada mes? ¿Cada tres meses? La Biblia no establece una frecuencia determinada.
Pablo dice: “Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa…”.
Por tanto, cada iglesia, según su orden y práctica, establece la frecuencia de la celebración.
Lo importante no es cuántas veces lo hacemos, sino qué estamos proclamando cada vez que lo hacemos.
Cada iglesia ha de establecer la frecuencia de la celebración de la Santa Cena.
3.- Nos lleva a mirar hacia el pasado.
“Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; 24 y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí” (V.23-24).
Cada vez que la Iglesia parte el pan, vuelve al centro del evangelio.
Recordamos la cruz, Jesús murió por nosotros.
“Haced esto en memoria de mí” Es un recordatorio, se recuerda algo que pasó.
No es una repetición, no se repite nada, se recuerda el sacrificio de Jesús en la cruz.
La Santa Cena nos hace mirar 2000 años atrás y contemplar la cruz.
La Santa Cena no vuelve a llevar a Cristo a la cruz, nos lleva a nosotros a la cruz.
Cada vez que la Iglesia parte el pan, vuelve al centro del evangelio.
Estamos recordando un acontecimiento histórico: Cristo entregó su cuerpo. Cristo derramó su sangre. Cristo murió.
No es una repetición del sacrificio. Cristo no necesita volver a morir. Su sacrificio fue suficiente.
4.- Nos lleva a mirar hacia arriba.
Mirar a Cristo como centro de todo, como salvador del género humano.
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:5-8).
Jesús “se despojó a sí mismo”, (ἐκένωσεν) (se vació)
Pablo no dice: “Se vació dejando de tener forma de Dios.” Dice: “Se vació tomando forma de siervo.”
El que estaba en forma de Dios toma forma de siervo.
No cambia de Dios a no-Dios, cambia de la condición gloriosa de Dios a la condición humilde del siervo, sin dejar de ser quien es.
“Se despojó a sí mismo.” Es una acción voluntaria. Nadie le despojó a Él, sino que Jesús voluntariamente se despojó a sí mismo.
5.- Nos lleva a mirar hacia adentro.
“Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.” (V.28).
La Santa Cena nos lleva a examinar nuestro corazón.
¿Hay algo que debo entregar a Dios?
¿Hay pecado que debo confesar?
¿Hay alguien al que debo perdonar?
¿Hay algo que debo arreglar?
La Santa Cena no es para exclusión, no es para que no participes, es para restauración, para que arregles tu vida interior y participes.
6.- Nos lleva a mirar alrededor.
“Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan” (I Corintios 10:17).
Somos un cuerpo.
La Santa Cena tampoco es solamente algo entre Cristo y yo, tiene una dimensión comunitaria.
Cuando participamos de la Santa Cena estamos confesando que pertenecemos al cuerpo de Cristo.
La Santa Cena proclama: Un solo Cristo, un solo sacrificio, un solo pan y un solo cuerpo.
7.- Nos lleva a mirar hacia el futuro.
“Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (V.26).
“Hasta que él venga.” Cristo viene.
Estamos esperando al Rey que viene.
Cada vez que participamos de la Cena, estamos diciendo: “Jesús murió.” Pero también: “Jesús volverá.”
8.- La Santa Cena es una comida entre dos venidas
La Iglesia vive entre:
La primera venida: Cristo vino en humildad. Nació. Sirvió. Sufrió. Murió. Resucitó.
La segunda venida: Cristo vendrá en gloria. Resucitará a los suyos. Juzgará. Consumará su Reino.
Y mientras esperamos: comemos el pan y bebemos de la copa
9.- La Santa Cena es una predicación.
“La muerte del Señor anunciáis”
Pablo utiliza el verbo griego καταγγέλλετε (katangéllete): Significa anunciar, proclamar, declarar públicamente.
La Santa Cena es una predicación: No una predicación verbal, sino una predicación mediante signos visibles.
El pan proclama: “su cuerpo fue entregado.”
La copa proclama: “su sangre fue derramada.”
Y toda la Santa Cena proclama: “Cristo murió por nosotros.”.
Pero también proclama: “Cristo volverá.”
10.- Tres dimensiones:
Cristo hacia nosotros: su muerte nos salva.
Nosotros hacia nosotros: somos su cuerpo.
Nosotros hacia Cristo: esperamos su regreso.
En resumen:
Cuando la Iglesia celebra la Santa Cena está diciendo al mundo:
Cristo murió. Su muerte es el fundamento del nuevo pacto. Y Cristo volverá.
