“Eliseo volvió a Gilgal cuando había una grande hambre en la tierra. Y los hijos de los profetas estaban con él, por lo que dijo a su criado: Pon una olla grande, y haz potaje para los hijos de los profetas. 39 Y salió uno al campo a recoger hierbas, y halló una como parra montés, y de ella llenó su falda de calabazas silvestres; y volvió, y las cortó en la olla del potaje, pues no sabía lo que era. 40 Después sirvió para que comieran los hombres; pero sucedió que comiendo ellos de aquel guisado, gritaron diciendo: ¡Varón de Dios, hay muerte en esa olla! Y no lo pudieron comer.41 El entonces dijo: Traed harina. Y la esparció en la olla, y dijo: Da de comer a la gente. Y no hubo más mal en la olla.” (II Reyes 4:38-42).
En el pasaje de la Biblia que hemos leído vemos que el ministerio del profeta Eliseo se desarrolla en tiempos de hambre, escasez, y crisis espiritual.
Dios se manifiesta siempre, también en los momentos de mayor carencia.
1.- Eliseo vuelve a Gilgal.
“Y el pueblo subió del Jordán el día diez del mes primero, y acamparon en Gilgal, al lado oriental de Jericó. 20 Y Josué erigió en Gilgal las doce piedras que habían traído del Jordán. 21 Y habló a los hijos de Israel, diciendo: Cuando mañana preguntaren vuestros hijos a sus padres, y dijeren: ¿Qué significan estas piedras? 22 declararéis a vuestros hijos, diciendo: Israel pasó en seco por este Jordán” (Josué 4:19-22).
Gilgal es el sitio donde los israelitas establecieron su primer campamento después de entrar en la Tierra de Israel.
Josué erige doce piedras del río Jordán que los Hijos de Israel cruzaron con el pie seco.
Es un memorial del poder de Dios.
Los seres humanos olvidamos las cosas, por eso Josué puso las doce piedras, para que cuando pasaran por Gilgal, la gente se acordara de la obra de Dios.
Gilgal es un recordatorio de que tenemos un Dios que se mueve en nuestras vidas de manera maravillosa.
Cuando hay hambre en la tierra, Eliseo va al lugar donde recordar que Dios está por encima de las peores cosas, incluidas el hambre.
El Dios que se mueve en el pasado también se mueve en el presente.
2.- El hambre no impide la acción de Eliseo.
La escasez no significa la ausencia de Dios.
Aunque había hambre, Eliseo seguía preparando profetas, la crisis no debe detener la obra de Dios.
No importa lo que ocurra, crisis, dictaduras, hambre, pandemias, lo que sea, la iglesia ha de continuar con su obra.
La iglesia primitiva continuó a pesar de la persecución.
En la historia de la iglesia ha habido muchas persecuciones, pero la iglesia ha seguido.
3.- Había hambre, pero también unidad.
Los profetas no estaban dispersos, estaban alrededor del siervo de Dios.
La comunión es vital en momentos de crisis.
Dios nos ha puesto en comunidad porque el ser humano necesita de otros.
Desgraciadamente, cuando hay crisis, es cuando salen los detractores.
“Alejado de la iglesia, pero no de Dios” esto es mentira, no se puede servir en el ejército y no ir al cuartel.
4.- “Pon una olla grande”.
Dios tiene ollas grandes, bendiciones grandes para nuestra vida.
Eliseo no quería una olla pequeña, sino un grande, Dios es proveedor de lo grande.
En momentos de crisis, el profeta tenía fe para una olla grande.
Dios es un Dios de abundancia.
La obra de Dios se hace con gente que ve ollas grandes cuando no hay comida.
5.- “Uno” quiere mejorar la olla.
“Y salió uno al campo a recoger hierbas, y halló una como parra montés, y de ella llenó su falda de calabazas silvestres; y volvió, y las cortó en la olla del potaje, pues no sabía lo que era” (V.39).
Sale “uno”, mejor no decir ni el nombre.
Recoge calabazas silvestres, que resulta que son venenosas, es peligroso actuar sin dirección y por nuestra cuenta.
Quería ayudar, pero casi mata.
No se haga el listo, que sus buenas intenciones no acaben matando a la gente.
Las buenas intenciones, sin discernimiento ni sujeción a la autoridad, pueden ser tan peligrosas como una mala intención.
No todo lo que parece comida lo es. No todo lo que parece bueno lo es.
Es importante no actuar por nuestra cuenta, hemos de hacer las cosas bajo autoridad, no tomar la iniciativa en cosas en las que no debemos tomarlas.
La expedición de Franklin al Ártico (1845)
En 1845, Sir John Franklin salió rumbo al Ártico con dos barcos y más de cien hombres.
Su intención era buena: descubrir una nueva ruta marítima y aportar al conocimiento del mundo. Llevaban tecnología avanzada para su época, provisiones abundantes y gran confianza.
Pero cometieron un error fatal: no consultaron a los pueblos locales ni tomaron en serio las advertencias sobre el clima extremo. Confiaron más en su experiencia, anteriormente habían hecho algunos viajes, que en la sabiduría disponible.
El resultado fue trágico.
Los barcos quedaron atrapados en el hielo y ningún hombre sobrevivió.
Franklin no salió con mala intención. Salió con entusiasmo, iniciativa y buenas ideas.
La buena intención, cuando no va acompañada de discernimiento y consejo, puede llevar a la muerte.
Así también, en II Reyes 4, el profeta quiso ayudar, pero sin consultar echó algo venenoso en la olla.
No todo lo que parece bueno edifica; hay cosas que, sin discernimiento, envenenan lo que Dios quiere usar para dar vida.
Ignorar la experiencia y el consejo trae tragedia.
La iniciativa sin sabiduría, puede convertirse en peligro.
6.- Hay muerte en la olla.
Parece que la planta que usó fue la “coloquíntida”, que cuando está verde es muy similar a la calabaza.
La coloquíntida no solo es venenosa, sino también amarga.
La olla es un lugar de sustento, de vida, sin comida no puede vivirse.
El lugar de vida se convierte en lugar de muerte.
Lo que debía evitar la muerte por hambre, se convierte en lugar de muerte por veneno.
7.- Le gritan a Eliseo.
Al menos sabían a quien dirigirse, a quien gritarle.
Entendían autoridad.
No hicieron como el muchacho, no se le ocurrió a cada uno que hacer, sino que fueron al profeta.
Es importante reconocer autoridad, es importante saber dirigirse a los siervos de Dios.
Todas las entidades precisan dirección, gente que esté a la cabeza, la iglesia también.
Dios levanta personas para dirigir la iglesia.
No critiques, no hables con otros de las cosas que no te gustan, ve a la persona que Dios ha puesto al frente y dile lo que ves.
8.- Eliseo no dejó que la mala noticia le dominara.
Tomó autoridad, e hizo que algo venenoso se convirtiera en alimento.
Cambió la muerte en vida.
Dios va a trastornar lo que parece de muerte en algo de vida.
Si ahí cosas que matan, Dios puede hacer el milagro.
En las iglesias a veces vienen personas a echar veneno con falsas doctrinas.
Los ministerios estamos para librar a la iglesia de esos venenos, de dar una sana doctrina que bendice.
9.- El veneno no solo afecta al que lo echó, afecta a todos.
El pecado, la falsa enseñanza, las malas decisiones, contaminan el ambiente entero, no solo al que toma la mala decisión.
Esto no afectó solo al que “quiso ayudar sin consultar”, sino que estropeó la comida de todos.
Somos un cuerpo para lo bueno y para lo malo.
El pie no tiene culpa de que la boca tome un veneno, pero se muere igual.
10.- Eliseo echa harina.
Lo natural es que, si hay algo malo tratar de quitarlo, pero el profeta no lo quitó, sino que añadió algo más grande.
La harina no es un antídoto natural, sabemos que, si echamos harina, no por eso se quita el veneno, el milagro no está en el ingrediente, sino en el poder de Dios.
Donde antes había muerte ahora hay alimento.
Quitó el veneno y el amargor, ya se podía comer.
Solo Dios puede transformar lo muerto en vida.
11.- Dios echó harina en tu vida.
Cuando llegaste a la iglesia estabas lleno de cosas que matan, pero Dios te dio salvación, su sangre te limpió de todo pecado.
Dios viene a echar harina, Dios viene a sanarnos, Dios viene a darnos alimento.
Hay una olla grande puesta para que recibas el alimento de Dios.
