“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. 25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará” (Juan 12:24-25).
“Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. 7 Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. 8 Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; 9 sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. 10 Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. 11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6:6-11).
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).
En el años 1982 Ridley Scott, adaptó la novela “Sueñan los androides con ovejas eléctricas” al cine.
Es una historia de ciencia ficción sin más, la película se llamó “Blade Runner”.
El argumento es que había unos seres humanos creados por ingeniería genética, los replicantes, que solo vivían 4 años, llamados Nexus-6, pero estos habían dado problemas, por eso llaman a un Blade runner, una especie de caza recompensas, para que los elimine.
Al final de la película, el Blade Runer, está con el principal de los nexus-6, llamado Roy Batty.
Está bajo la lluvia, y antes de morir, tenía que decir un discurso larguísimo, pero el actor que lo interpretaba, Ruter Hauer, se inventó la frase que ha dado vuelta por todos lados:
“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais, atacar naves en llama más allá de Orión, he visto rayos c brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhausen, todos estos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia, Es hora de morir.”
Al morir, Bajo la lluvia, abre la mano y sale volando una paloma que tenía agarrada.
Ya habían pasado sus cuatro años, no podía hacer nada, el Blade Runer no tenía nada que hacer porque iba a morir por su diseño.
Todos nosotros en la vida tenemos nuestros “cuatro años” y vamos a morir,
Antonio Machado, dijo:
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.
La vida se pasa, ¿Quién se va a acordar de nosotros dentro de cien años?
El cristiano ha de aprender que “es tiempo de morir”, el cristiano es alguien que muere antes de morir.
Es tiempo de morir, mientras estás vivo.
1.- Morir al pecado, antes de morir.
“Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6:11).
Esto no significa que no podemos pecar, desgraciadamente eso siempre está presente.
Significa que ya no tiene dominio o la autoridad que tenía antes.
Morir al pecado es que vivimos de acuerdo a una nueva realidad, y saber que Dios está con nosotros y vivir en consecuencia.
Si un esclavo era liberado, el antiguo amo podía darle órdenes, pero ya el esclavo decidía si obedecer o no.
Nuestro amo ya no es el pecado, tenemos la autoridad para desobedecerle.
“Es hora de morir” al pecado.
2.- Morir a lo que nos destruye, antes de morir.
“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría” (Colosenses 3:5).
“Haced morir”, Dios nos a dado poder para hacer morir lo que nos destruye, solo tenemos que ejercerlo.
No es una muerte que viene después de un algo especial que nos toca, es un “Hacer morir” lo terrenal.
Es hora de ponernos las pilas y empezar a morir a todo lo que nos destruye.
“Es hora de hacer morir”.
3.- Morir a los pensamientos, antes de morir.
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).
Hemos de morir a nuestra manera de pensar, hemos de morir a nuestros pensamientos y abrazar los de Dios.
Para esto hay que abrazar la palabra de Dios.
La mente humana está limitada, los pensamientos de Dios son eternos e ilimitados.
La mente humana nos lleva a torpezas, Dios ve el futuro y no se equivoca.
La ley de Dunning-Kruger dice: “La gente cuanto más estúpida es más inteligente se cree”.
“Es hora de morir” a los pensamientos humanos.
4.- Morir al amor al mundo, antes de morir.
“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (I Juan 2:15-17).
En el mundo vivimos, pero no somos del mundo.
Dios ya hizo todo lo que estaba en su mano para que pudiéramos vivir fuera del mundo.
Si no morimos al mundo, el mundo nos va a atrapar y vamos a ser sus esclavos.
“Es hora de morir” al mundo.
5.- Morir al orgullo, antes de morir.
“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; 4 no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Filipenses 2:3-4).
“El orgullo mata al hombre”, este antiguo refrán recoge una gran realidad, el orgullo mata al orgulloso.
Hemos de morir al orgullo antes de que nos mate a nosotros.
No somos superiores a nadie.
El orgullo no es patrimonio de una nación, aunque algunos están interesados en que lo creamos.
El orgullo no es patrimonio de un grupo humano en concreto, aunque así lo tengan como eslogan.
El orgullo pertenece a todos los seres humanos, incluso los niños se comportan con orgullo.
El orgullo nos ciega, y nos hace creer que lo sabemos todo y que los demás se equivocan.
El orgullo nos cierra a todas las posibilidades, incluso las buenas.
El orgullo mata la vida de Dios en nosotros.
He conocido a personas maravillosas a las que le atrapó el orgullo, y el final fue desastroso.
“Es hora de morir” al orgullo.
6.- Morir a la venganza, antes de morir.
“No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. 18 Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. 19 No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:17-19).
Hay personas que solo viven para vengarse de los que le hicieron daño.
Todos tendemos a pensar que somos víctimas, pero la realidad es que todos somos víctimas y victimarios.
A todos nos han hecho daño, y todos hemos hecho daño.
La solución no es vengarse, es perdonar y vivir en paz con Dios y la gente.
Suelta a la gente que te hirió, así serás más libre.
El que vive para la venganza, es esclavo de aquel del que se quiere vengar.
“Es hora de morir” a la venganza.
7.- Morir a la aprobación humana, antes de morir.
“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gálatas 1:10).
Vivimos para Dios no para los hombres.
“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” I Corintios 10:31).
La aprobación de la gente se queda aquí, hacer las cosas para Dios dura por la eternidad.
“Es hora de morir” a buscar la aprobación de otros.
8.- Es una muerte diaria.
“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23).
Cada día.
“Es hora de morir” cada día.
No hay ningún truco para matar al yo ahora y quedarse quieto.
Cada día, no importa la edad, no importa las situaciones, es hora de morir.
9.- Morir antes de morir, para dar fruto.
“Pero si muere, lleva mucho fruto.
Lo que nosotros aportamos es importante, pero no es suficiente, hemos de morir a nosotros y dejar que sea Dios el que nos dirija, nos lleve a los lugares adecuados, nos indique que hemos de hacer.
Nosotros vemos de manera limitada, Dios ve el futuro, hemos de morir a nuestras iniciativas, dejar que sea Dios quien nos guie y entonces llevaremos fruto.
Dios no apoya tus proyectos, Él apoya sus proyectos, y a ti si estás en ellos.
“Es hora de morir”, para llevar fruto, no lo dejes para más adelante.
10.- El que muere gana.
1.- Gana una relación más profunda con Dios: “Acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros” (Santiago 4:8).
2.- Gana paz interior: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7).
3.- Se conoce el plan de Dios para nosotros: La vida deja de girar alrededor de nosotros mismos y de nuestros intereses y se orienta hacia la voluntad de Dios.
4.- Se pierde el temor: Al morir al yo, la confianza en Dios y en la provisión de Dios se aumenta, “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).
5.- Se gana libertad: Al morir a lo material, nada material te agarra.
