“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:1-4).
La vida cristiana nunca ha sido un camino fácil, ha sido un camino de perseverancia a Dios a pesar de las dificultades.
Dios promete poder para vencer los momentos difíciles.
El acontecimiento de pentecostés, ocurrió tras días de espera, oración y unidad.
1.- Esfuerzo de permanecer en la obediencia. “Estaban unánimes juntos”.
Antes de pentecostés hubo un esfuerzo espiritual.
La obediencia no comenzó con este capítulo, se inició 10 días antes de espera, oración y unidad Los discípulos permanecieron en Jerusalén, porque Jesús así les mandó.
“Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí” (Hechos 1:4).
No entendían ni sabían cuando llegaría la promesa, pero permanecieron en la obediencia.
Este “estar juntos” no fue pasividad, fue disciplina, esfuerzo de la voluntad para permanecer en oración.
Hemos de permanecer cuando otros abandonan.
El Espíritu Santo no cayhó sobre gente indiferente o desobediente, cayó sobre aquellos que obedecieron.
Noé, construyó el arca cuando no llovía.
José, soportó la prisión antes de llegar al palacio.
David, fue ungido, pero esperó varios años antes de gobernar.
Los discípulos, obedecieron sin saber, cuando llegaría la promesa.
2.- La obediencia marca la diferencia.
“Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento. 2 Entonces el pueblo clamó a Moisés, y Moisés oró a Jehová, y el fuego se extinguió. 3 Y llamó a aquel lugar Tabera, porque el fuego de Jehová se encendió en ellos” (Números 11:1-3).
El fuego de Dios desciende también en el libro de Números, la diferencia no está en el fuego, sino en el receptor del fuego.
El fuego sobre los desobedientes destruye, el fuego sobre los obedientes produce valor y poder.
La zarza ardiente que vio Moisés le mandó al ministerio (Éxodo 3).
En este caso la desobediencia era acordarse de lo que habían perdido en Egipto, y no mirar todo lo que habían ganado saliendo de Egipto.
3.- Permanecer en obediencia requiere fe.
Permanecer no es algo instantáneo, requiere fe, requiere creer que la palabra de Dios va a cumplirse.
Muchos abandonan la oración y el servicio en la congregación, porque quieren respuestas rápidas, pero Dios
honra a los que permanecen en fe.
Los discípulos no sabían ni siquiera que era la plenitud del espíritu Santo, pero permanecieron.
El Señor les había hablado de este acontecimiento, y las palabras de Jesús fueron suficientes para creer y esperar.
Cuando todo apuntaba a problemas, y desánimo, ellos tuvieron fe para creer la promesa de Dios.
4.- Esfuerzo de vivir en unidad. “Estaban todos unánimes”.
La unidad no surge espontáneamente, requiere unidad, perdón y renuncia del orgullo.
La unidad es el esfuerzo del alma para poner primero la obra de Dios que nuestros propios intereses.
Los apóstoles dejaron al lado sus diferencias para buscar juntos la presencia de Dios.
La unidad cuesta, ya que hay que perdonar, evitar divisiones, tener humildad, amar a los hermanos.
La unidad no consiste en pensar igual, sino en amar a pesar de las diferencias.
Unidad es entender que: “Las grandes mentes no siempre tienen que estar de acuerdo.
Unida es vivir conforme a lo que Dios nos revela, sin forzar a otros a que vivan lo mismo.
5.- Esfuerzo en esperar el tiempo de Dios. “Cuando llegó el día”.
No fue cuando ellos quisieron, fue cuando llegó el día destinado por Dios.
El Espíritu Santo vino cuando llegó el día de pentecostés, no antes, fue en el momento exacto de Dios.
Esperar no es fácil, pero hemos de pelear para lograrlo.
Cuando esperamos Dios nos fortalece:
“Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas” (Isaías 40:31).
Dios es un Dios de orden y tiene sus tiempos.
6.- Pentecostés en el Antiguo Testamento.
¿Por qué el día de Pentecostés?
Pentecostés era una fiesta judía, que se celebraba 50 días después de la Pascua.
Era la fiesta de cosecha, cuando se recogían los frutos.
Dios espera a este día para mostrarnos que el Espíritu Santo viene para que recojamos la cosecha.
La cosecha tiene dos vertientes: Abundancia de fruto y mucho trabajo.
Segar no es tarea fácil.
7.- El esfuerzo humano no sustituye al Espíritu Santo.
Los discípulos habían orado, esperado, obedecido, pero el fuego no lo produjeron ellos.
Los discípulos esperaron, pero no produjeron el viento. “Vino del cielo”.
Hay un equilibrio, el cristiano ha de esforzarse, pero el poder de Dios viene cuando él lo manda.
Nosotros trabajamos, Dios nos capacita.
Nosotros sembramos, Dios da el crecimiento.
Nosotros obedecemos, Dios envía su espíritu.
“Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. (Filipenses 2:13).
El Espíritu Santo no anula nuestro esfuerzo, lo potencia.
Ilustración: Una guitarra eléctrica y el amplificador.
8.- Cuando llegó el Espíritu Santo.
Con la venida del Espíritu Santo no acabó todo, fue cuando empezó de veras el trabajo de la iglesia.
Desapareció el temor, vino el valor, comenzó la misión, la iglesia se expandió.
Una iglesia cómoda, nunca cambiará el mundo.
Cuando llega el Espíritu Santo los discípulos dejan de esconderse. La iglesia deja de sobrevivir para comenzar a conquistar.
El espíritu Santo no vino para darnos una vida cómoda, vino para hacernos útiles en el reino de Dios.
9.- Esfuerzo trae bendición.
Los que se esfuerzan son los que reciben la bendición de Dios.
Los que se esfuerzan son los que ven multitudes convirtiéndose.
Los que se esfuerzan son los que ven los milagros de Dios.
Los que se esfuerzan extienden el reino de Dios.
Hay algo que tú tienes que hacer, que no ocurre porque te sientes en una silla de Manantial de Vida.
