Dios trabaja

“Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. 6 Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? 7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. 8 Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. 9 Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día. 10 Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de reposo; no te es lícito llevar tu lecho. 11 El les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda. 12 Entonces le preguntaron: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda? 13 Y el que había sido sanado no sabía quién fuese, porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar. 14 Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor. 15 El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado. 16 Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo. 17 Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:5-17).

 

El estanque de Betesda está lleno de personas esperando un milagro, creyendo que el movimiento del agua podría cambiar su futuro.

Entre la multitud, Jesús se acerca a un hombre que lleva 38 años paralizado.

Se encuentra solo, no tiene a nadie que lo meta en el estanque.

Un hombre que, a pesar de estar esperando durante 38 años, aún persistía en la espera.

 

1.- El peligro de acostumbrarse.

Tras 38 años enfermo, es fácil acostumbrarse a la situación, y aceptarla como una forma definitiva de vida.

Por esto Jesús le pregunta: ¿Quieres ser sano?

He conocido a personas que vienen a la iglesia con enfermedades del alma, con complejos, con situaciones personales conflictivas, y rechazan la sanidad de Dios, quieren seguir tal como están, a pesar de que vienen a la iglesia con fidelidad.

Dios quiere cambiarnos, Dios quiere sanarnos, solo depende de nosotros.

 

2.- Dios no ha terminado contigo.

El enfermo llevaba décadas en esa condición, pero su historia no termino allí.

Nosotros a veces confundimos un tiempo, con nuestro destino.

Tu situación actual no tiene por qué ser tu situación final.

Donde otros ven tu pasado, Jesús ve tu futuro.

 

3.- Dios nos pide que hagamos lo imposible.

“Levántate toma tu lecho y anda”

Humanamente hablando esta orden era imposible

Dios nos manda a hacer imposibles (Noé, Moisés, Pedro caminando sobre las aguas, etc.)

Jesús no entra en discusiones, sino que da tres órdenes directas: Levántate, toma tu lecho y anda.

 

4.- Levántate:

De estar tumbado a estar de pie.

Dios cambia toda su perspectiva.

 

5.- Toma tu lecho:

Lo que antes te cargaba ahora lo vas a cargar tu.

Lo vas a llevar y demostrar la victoria de Dios sobre la enfermedad, todos lo van a ver.

A veces Dios sana, pero deja rastros para que otros lo vean.

 

6.- Anda:

La sanidad requiere acción, hay que salir del sitio en el que estás, ahora tienes que andar de una manera distinta, ya puedes usar esas piernas que antes no podías usar.

 

7.- Obedezcamos a Jesús.

Obedezcamos y veremos milagros.

 

8.- Jesús no lo mete en el agua.

El hombre pensaba que la solución era el agua, pero Dios tenía un método mejor.

Los métodos de Dios siempre superan a los nuestros.

 

9.- Jesús trabaja donde otros ven problemas.

Jesús vio una persona que necesitaba misericordia.

Los judíos vieron un problema: el sábado, Jesús vio una persona que necesitaba sanidad.

Los líderes religiosos no se alegran de la restauración del hombre, se enfadan porque llevaba la camilla en un día de reposo.

Los judíos ven la ley, Dios ve la misericordia.

 

10.- Aunque a veces no veamos las cosas, con todo Dios está trabajando.

“Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”

No dice mi padre trabajó, sino que dice que continúa trabajando.

El hombre del estanque llevaba 38 años esperando el milagro.

El tiempo de espera no significa que Dios se haya olvidado de nosotros.

 

11.- Dios no se toma días libres.

Hizo la Tierra, pero continúa trabajando en mantener la vida, en la salvación, en dar consuelo, en restaurar vidas.

 

12.- ¿Para que trabaja Dios?

El no necesita pagar el piso, ni comer, ni echar gasolina,

Dios trabaja porque es su naturaleza.

Tenemos que entender que hemos de ser imitadores de Dios:

 

Dios es amor = nosotros hemos de amar.

Dios es fiel = nosotros hemos de ser fieles.

Dios es justo = nosotros hemos de ser justos.

Dios es trabajador = nosotros hemos de trabajar.

 

13.- Jesús sigue trabajando hoy.

Usted está en las manos de Dios, Él trabaja sosteniéndolo.

 

14.- La Biblia nos insta a trabajar.

“Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros. 7 Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, 8 ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; 9 no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis. 10 Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (II Tesalonicenses 3:6-10).

 

“Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (I Timoteo 5:8).

 

15.- Un principio.

“La mano negligente empobrece; mas la mano de los diligentes enriquece” (Proverbios 10:4).

No hay bendición si no hay trabajo.

La causa de la verdadera prosperidad es el trabajo.

Dios no dijo que fuera fácil.

Dios no le dijo a Josué, ve a la tierra prometida, y no hagas nada, yo lo haré todo, sino que dijo: “Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos” (Josué 1:6).

 

Conclusión:

Dios está buscando un pueblo que se le parezca a Él, un pueblo que actúe como Él.

Por eso hemos de saber que Dios no quiere a flojos.

 

Estamos empezando el nuevo año eclesial después de las vacaciones.

Dios quiere que nos activemos y trabajemos en la obra de Dios.

Es el momento de ponerse las pilas.

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